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Infecciones neonatales

Revisado por: Larissa Hirsch, MD

La mayoría de los recién nacidos llegan sanos a este mundo. Pero, a veces, los lactantes desarrollan afecciones que hacen necesario hacerles pruebas médicas y darles el tratamiento adecuado.

Los recién nacidos son especialmente proclives a contraer algunas enfermedades porque sus sistemas inmunitarios no son lo bastante maduros como para combatir las bacterias, virus y parásitos que causan infecciones.

Cuando enferma un recién nacido, puede tener que ingresar en el hospital, o incluso en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) para recuperarse. Aunque ver a un hijo suyo con tan poco tiempo de vida hospitalizado puede asustarle bastante, un internamiento en el hospital suele ser la mejor forma de recuperar la salud de recién nacido enfermo.

Signos en los que se debería fijar

Hay muchas infecciones que causan síntomas similares. Llame al médico de su hijo o pida atención médica de urgencias si su recién nacido presenta cualquiera de estos posibles signos de infección:

  • no se alimenta bien (falta de apetito)
  • dificultades para respirar
  • letargo
  • una temperatura corporal muy baja o muy alta
  • erupción cutánea inusual o cambio del color de la piel
  • llantos duraderos
  • irritabilidad inusual

Un cambio súbito en el comportamiento del bebé, como empezar de repente a dormir todo el rato o dormir muy poco, también puede ser una pista de que algo no va bien.

Estos signos son aún más preocupantes si el bebé todavía no ha cumplido 2 meses de edad. Si sospecha que su hijo podría tener un problema, llévelo al médico de inmediato.

La enfermedad por estreptococos del grupo B

¿Qué es?

Los streptococcus del grupo B son un tipo de bacterias bastante frecuente que puede causar varios tipos de infecciones en los recién nacidos. Entre las más frecuentes, cabe mencionar la septicemia, la neumonía y la meningitis. Los bebés suelen contraer la infección a partir de sus madres durante el parto; muchas mujeres embarazadas son portadoras de estas bacterias en el recto o en la vagina, desde donde las pueden contagiar fácilmente al recién nacido si no se han tratado con antibióticos.

Los bebés con este tipo de infecciones suelen presentan signos de la infección durante la primera semana de vida, aunque algunos no desarrollan síntomas hasta al cabo de varias semanas o meses. Dependiendo del tipo concreto de infección (neumonía o septicemia, por ejemplo), los síntomas pueden incluir problemas para respirar o para alimentarse, fiebre alta, letargo o inquietud inusual.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

Para diagnosticar una infección por estreptococos del grupo B, los médicos piden análisis de sangre y cultivos de sangre, orina y, en caso necesario, de líquido cefalorraquídeo para detectar la presencia de estas bacterias. Las infecciones causadas por estreptococos del grupo B se tratan con antibióticos, así como con una atenta supervisión y cuidados en el hospital.

La listeriosis

¿Qué es?

La infección por la bacteria Listeria monocytogenes puede causar enfermedades como la neumonía, la septicemia y la meningitis en los recién nacidos. Los alimentos que no están lavados correctamente o que no están pasteurizados o cocinados pueden trasmitir la listeriosis.

Los bebés pueden contraer la listeriosis de sus madres si ellas la contraen durante el embarazo. En los casos más graves, la listeriosis puede provocar un parto prematuro o incluso un parto de bebé muerto (o mortinato). Los bebés que nacen con listeriosis pueden presentar signos de infecciones similares a las que causan los estreptococos del grupo B.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

Un cultivo de sangre o de líquido cefalorraquídeo puede revelar la presencia de estas bacterias, y los bebés infectados se tratarán con antibióticos en el hospital.

Infección por E. coli

¿Qué es?

La bacteria Escherichia coli (E. coli) puede ocasionar infecciones en el aparato urinario, septicemia, meningitis y neumonía. Todo el mundo tiene bacterias E. coli en el cuerpo, y los bebés se pueden infectar durante el alumbramiento al pasar por el canal del parto, o al entrar en contacto con las bacterias en el hospital o en casa. La mayoría de los recién nacidos que enferman al contraer una infección por E. coli tienen sistemas inmunitarios particularmente frágiles que los hacen especialmente proclives a enfermar.

Al igual que con otras infecciones bacterianas, los síntomas dependerán del tipo de infección que se desarrolle tras el contagio por E. coli, pero son frecuentes la fiebre, estar más inquieto de lo habitual, el letargo y la falta de apetito.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

Los médicos diagnostican las infecciones por E. coli haciendo cultivos de sangre, orina (pis) o líquido cefalorraquídeo, y las tratan con antibióticos.

La meningitis

¿Qué es?

La meningitis es una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Puede estar provocada por virus, hongos o bacterias. Los recién nacidos pueden contraer uno de estos gérmenes durante el parto o a partir de su entorno, sobre todo si tienen un sistema inmunitario debilitado.

Los síntomas de esta infección en los recién nacidos no son muy específicos y pueden incluir llantos duraderos, irritabilidad, dormir más de lo habitual, somnolencia, negarse a mamar del pecho o a tomar el biberón, temperatura corporal baja o inestable, ictericia, palidez, problemas respiratorios, erupciones, vómitos o diarrea. A medida que vaya avanzando la enfermedad, las fontanelas del bebé (o puntos blandos) pueden empezar a abultarse o a sobresalir.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

La meningitis, sobre todo la de origen bacteriano, es una infección grave en los recién nacidos. Si se sospecha que un bebé puede tener una meningitis, se le practicará una punción lumbar, insertándole una aguja especial en la columna vertebral para extraerle una muestra de líquido cefalorraquídeo.

El tratamiento de la meningitis depende de cuál sea su causa. Todos los bebés con meningitis suelen tener que pasar un tiempo en el hospital, donde, aparte de administrarles importantes cuidados paliativos, los pueden supervisar atentamente.

La septicemia

¿Qué es?

La septicemia es una infección grave, donde los gérmenes se extienden por la sangre y los tejidos del cuerpo. Puede estar causada por virus, hongos, parásitos o bacterias. Al igual que en la meningitis, los síntomas de la septicemia no son específicos y varían de un niño a otro. Un cambio en la frecuencia cardíaca, problemas para respirar, ictericia, problemas para alimentarse, temperatura corporal baja o inestable, modorra o inquietud extremas, todos ellos, pueden ser signos de esta infección.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

Para diagnosticar o descartar una septicemia, los médicos solicitan análisis de sangre y a veces examinan el líquido cefalorraquídeo y otros fluidos corporales en busca de bacterias u otros gérmenes. Típicamente se estudia la posibilidad de que un paciente padezca septicemia y meningitis utilizando el mismo protocolo. Una vez hecho el diagnóstico, el bebé recibirá tratamiento antibiótico en el hospital.

La conjuntivitis

¿Qué es?

Algunos recién nacidos desarrollan una inflamación de la membrana que recubre la superficie del ojo (llamada conjuntiva), conocida como conjuntivitis, que se caracteriza por el enrojecimiento y la inflamación del ojo, generalmente acompañada de secreción ocular. La conjuntivitis neonatal puede estar causada tanto por bacterias como por virus.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

Una exploración ocular detallada y diversas pruebas de laboratorio realizadas con una muestra de secreciones oculares ayudarán al médico a encontrar la causa de la infección. Para tratar la conjuntivitis neonatal se utilizan antibióticos, gotas oculares y pomadas oculares. La infección puede ser muy contagiosa, por lo que es posible que el médico sugiera limitar el contacto del bebé con sus hermanos. Si se sospecha un tipo más grave de conjuntivitis, puede ser necesario hospitalizar al bebé.

La candidiasis

¿Qué es?

Una proliferación de la levadura común del género candida, un hongo que se encuentra en el cuerpo de cualquier persona, provoca una infección fúngica llamada candidiasis. En los recién nacidos, suele aparecer en forma de dermatitis del pañal, pero los bebés también pueden desarrollar candidiasis oral (hongos en la boca) u hongos o en la garganta. Provoca grietas en las comisuras de la boca y manchas blancas en lengua, paladar, labios y la cara interna de los pómulos. Los recién nacidos que padecen esta infección a menudo la han contraído al atravesar la vagina de sus madres durante el alumbramiento o bien durante la lactancia materna.

¿Cómo se diagnostica y cómo se trata?

A veces, el médico extrae una muestra de las manchas blancas de la boca del bebé mediante raspado con un hisopo de algodón para examinarla en busca de signos de hongos. Pero en la mayoría de los casos esto no es necesario, y el tratamiento se inicia basándose solo en el aspecto de las lesiones de la boca. La candidiasis se puede tratar con medicamentos antifúngicos (o antimicóticos) en forma líquida.

Infecciones congénitas

¿Qué son?

Muchas infecciones que afectan a los recién nacidos se las transmiten sus madres, sea durante el embarazo o durante el parto. Puesto que el bebé nace con ellas, se conocen como infecciones congénitas. Suelen estar provocadas por virus y parásitos.

Las infecciones congénitas incluyen: el VIH (que causa el SIDA); la rubéola; la varicela; la sífilis; el herpes; la toxoplasmosis; y el citomegalovirus (CMV).

Los riesgos que representan estas infecciones para el lactante suelen depender del momento en que la madre se exponga al germen. En muchas infecciones, como la rubéola y la toxoplasmosis, el riesgo es mayor durante el primer trimestre del embarazo. Si la madre se infecta entonces, la infección puede provocar graves problemas en el feto, como cardiopatías congénitas, lesiones cerebrales, sordera, problemas visuales y hasta el aborto. Las infecciones que se contraen después del primer trimestre de embarazo suelen provocar efectos menos graves en el feto, aunque pueden seguir causando problemas en el crecimiento y desarrollo del bebé.

Algunos de los signos iniciales de una infección congénita incluyen los siguientes: cabeza más grande o más pequeña de lo normal, tamaño corporal reducido, convulsiones, problemas oculares, erupciones cutáneas, ictericia, órganos abdominales agrandados y soplo cardíaco.

¿Cómo se diagnostican y cómo se tratan?

Si se sospecha una infección congénita, el médico pedirá análisis de sangre y cultivos de sangre y de otros fluidos corporales del lactante, y a veces también de la madre, para intentar hacer un diagnóstico. El tratamiento suele incluir medicamentos antivirales o antibióticos, así como importantes cuidados paliativos mientras el bebé permanece en el hospital. Las infecciones congénitas también requieren de un atento seguimiento médico para detectar posibles efectos o secuelas de la enfermedad, que se pueden poner de manifiesto conforme vaya creciendo el bebé.

Complicaciones de las infecciones neonatales

Las infecciones neonatales que no se tratan de forma precoz o que se extienden por el organismo del bebé causar problemas graves. Puesto que el cuerpo y los órganos de los lactantes experimentan un desarrollo muy rápido, cualquier interrupción de este proceso puede provocar complicaciones, incluyendo problemas de crecimiento y desarrollo, neurológicos, cardíacos, respiratorios y sensoriales. En algunos casos muy graves, las infecciones neonatales pueden ser mortales.

Con unos sistemas inmunitarios frágiles e inmaduros, los bebés no están bien equipados para combatir las infecciones. Los bebés prematuros o inmunodeprimidos corren todavía un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad de riesgo vital al contraer una infección bacteriana o vírica que solo provocaría una enfermedad sin importancia en un niño mayor. El diagnóstico precoz, el tratamiento rápido, el cuidado adecuado y la atenta supervisión es la mejor combinación para que un lactante supere la infección.

¿Se pueden prevenir las infecciones neonatales?

Si a una mujer embarazada le diagnostican alguna de estas infecciones o si se considera que corre el riesgo de contraerlas, las medidas preventivas pueden reducir las probabilidades de que se la contagie al bebé. Puesto que muchas infecciones se pueden tratar administrando medicamentos a las madres durante el embarazo, practicar pruebas a las madres en ciernes es sumamente útil.

En muchos casos, basta con un rápido análisis de sangre o de otros fluidos corporales para determinar si una mujer embarazada debería recibir tratamiento. En una mujer con listeriosis, un ciclo de tratamiento a base de antibióticos suele impedir que la bacteria se transmita al feto. A las mujeres que son positivas al VIH se les recomienda tomar fármacos antirretrovirales durante el embarazo para reducir el riesgo de que sus bebés contraigan infecciones por el VIH.

Otras infecciones neonatales se previenen mejor siguiendo los pasos necesarios para que la madre embarazada no contraiga la infección en primer lugar.

Las mujeres pueden contribuir a protegerse a sí mismas y a proteger a sus bebés adoptando las siguientes medidas:

  • asegurarse de que se han vacunado contra la rubéola y contra la varicela antes de intentar quedarse embarazadas
  • lavar los alimentos a conciencia y cocinarlos bien
  • lavarse las manos con regularidad (sobre todo antes y después de preparar la comida, después de usar el váter y después de entrar en contacto con fluidos corporales y desechos)
  • evitar por completo el contacto con las heces de gato y de otros animales para reducir el riesgo de contraer infecciones como la listeriosis y la toxoplasmosis
  • practicar un sexo seguro para evitar contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Algunas de estas medidas preventivas forman parte de las precauciones ordinarias que se deben seguir durante un embarazo y un parto. Muchos médicos recomiendan que cualquier mujer embarazada que se haga un sencillo frotis al final del embarazo para saber si es portadora de estreptococos del grupo B. En caso afirmativo, recibirá antibióticos por vía intravenosa (VI) durante el parto para reducir el riesgo de trasmitir la infección al bebé. Los médicos también administran gotas antibióticas o una pomada ocular antibiótica a todos los recién nacidos para prevenir posibles conjuntivitis provocadas por la bacteria de la gonorrea.

Revisado por: Larissa Hirsch, MD
Fecha de revisión: enero de 2018