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La diabetes: cómo afrontar los sentimientos

¿Te estás preguntando a ti mismo: "¿por qué a mí?" Acostumbrarse a vivir con una diabetes puede ser un desafío, y esto es verdad tanto si te la acaban de diagnosticar como si ya llevas un tiempo viviendo con esta enfermedad.

Si te la acaban de diagnosticar

Cuando una persona se entera de que es diabética, se puede poner nerviosa por tener que pincharse y hacerse pruebas médicas cada día, y asustarse por cómo afectará la diabetes a su salud en el futuro. 

Al principio, casi todo el mundo cree que nunca será capaz de medirse la concentración de azúcar en sangre ni de inyectarse la insulina que necesita para mantenerse sano. Pero, después de conversar con sus médicos y de aprender cosas sobre la diabetes, este tipo de cosas dejan de verse como una montaña. Con el tiempo, las inyecciones y las mediciones se acaban convirtiendo en algo como lavarse los dientes o ducharse: una rutina cotidiana más para mantenerse sano. Y, a la larga, algunas personas hasta se llegan a sentir orgullosas de poder hacer todo cuanto necesitan para controlar su diabetes por sí mismas. 

Es completamente normal que la gente con diabetes se sienta triste, enfadada, confundida, preocupada, sola, avergonzada y hasta celosa de las personas que no padecen esta afección. Es habitual pensar cosas como las siguientes:

"Me da vergüenza tener que ponerme inyecciones delante de la gente. Un día, tuve que ponerme una inyección de insulina en el lavabo de la estación de trenes y un chico me miró como si fuera un drogadicto. Fue de lo más humillante."

"¿Por qué tengo que pasar por todo esto cuando mis amigos no tienen que seguir ningún plan de alimentación, medir sus concentraciones de azúcar en sangre ni pincharse constantemente?"

"Me preocupa ser una carga para mi familia. Me siento culpable porque mi padre tiene que llevarme en coche al médico y pagar todas mis visitas."

"Me enfado mucho con mi madre. Sé que ella se preocupa por mí, pero siempre me riñe por lo que como. Mi hermana lo tiene todo mucho más fácil."                  

"A veces tengo la sensación de que debo haber hecho algo malo para merecer esto."

Cómo afrontar tus sentimientos

He aquí algunas cosas que puedes hacer para afrontar la cara emocional de la diabetes:

Ábrete a la gente en quien confías. Si estás triste, enfadado, avergonzado o preocupado, explícaselo a un buen amigo, a uno de tus padres o a tu médico. Al principio, te puede costar bastante dar el primer paso y es posible que te resulte difícil encontrar las palabras adecuadas. Intenta dar nombre a tus sentimientos e intenta expresar qué es lo que ha hecho que te sientas así. Muchas veces, el mero hecho de explicárselo a alguien dispuesto a escucharte y a entenderte puede aliviar una emoción fuerte y ayudarte a superarla. Convierte en un hábito regular el hecho de hablar sobre lo que estás viviendo con una persona cercana. Y, conforme vaya pasando el tiempo, asegúrate de fijarte también en tus sentimientos positivos y de hablar sobre ellos. Con el tiempo, es posible que te des cuenta de que estás más tranquilo y más seguro de ti mismo, o de que estás orgulloso de todo lo que estás aprendiendo a hacer.                     

Pide más apoyo si lo necesitas. Si lo estás pasando muy mal o si crees que podrías estar deprimido, cuéntaselo a un adulto. (Algunos de los signos de que lo que te ocurre podría ser una depresión son pasarse todo el día comiendo o durmiendo o bien hacer todo lo contrario, así como estar triste o enfadado durante largos periodos de tiempo.) A veces, la gente necesita el apoyo de un psicólogo u otro profesional de la salud mental. Tu médico, uno de tus padres u otro adulto de confianza, te pueden poner en contacto con un profesional de la salud mental que trabaje con adolescentes con diabetes. Pide todo el apoyo que necesitas y que mereces. 

Aprende a cuidar de ti mismo. Si te cuidas bien y controlas bien tu diabetes, lo más probable es que te encuentres mal menos a menudo que antes, que necesites ponerte menos inyecciones extra y hacerte menos pruebas y que puedas practicar las mismas actividades que todo el mundo. Cuando te encuentres lo bastantes bien como para hacer ejercicio (el ejercicio es muy bueno para levantar el ánimo), todavía te encontrarás mejor.                                         

Si estás preparado para asumir la responsabilidad de controlar tus concentraciones de azúcar en sangre, preparando e inyectándote las inyecciones de insulina y preparándote las comidas y los tentempiés, habla con tus padres y con tu médico sobre cómo puedes empezar a hacer esos cambios. De nuevo, el hecho de responsabilizarte de estas tareas de carácter práctico te puede trasmitir la sensación de que controlas y dominas tu diabetes. Hasta es posible que te sientas orgulloso y hasta positivamente sorprendido de estar haciendo cosas que antes te sentías incapaz de hacer.

Informa a tus profesores sobre tu diabetes. Explicar a tus profesores que tienes diabetes puede facilitarte un poco las cosas en el colegio; por ejemplo, puedes explicarle a tu profesor que necesitas medir tu concentración de azúcar en sangre o tomarte un tentempié a determinada hora cada día. De este modo, podrás salir de la clase sin tener que pedirle permiso. Al saber que padeces diabetes, tu profesor también podrá estar pendiente de los síntomas de posibles problemas relacionados con la diabetes y podrá pedir ayuda médica en caso necesario.

Si no sabes cómo iniciar la conversación o cómo sacar el tema, pide a tu médico que te haga una nota donde aparezcan los aspectos fundamentales sobre los que debería estar informado tu profesor. Con ella, te resultará más fácil iniciar la conversación.

Organízate bien. Si padeces una diabetes, tendrás que estar pendiente de un montón de cosas. ¿Qué dosis de insulina te has inyectado esta mañana? ¿Qué has comido en la escuela? ¿Te has acordado de llevarte la medicación? Si te sabes organizar, te sentirás menos preocupado por cómo la diabetes puede repercutir sobre tu salud. Antes de ir al colegio o al trabajo, comprueba la noche anterior que llevas los tentempiés y los medicamentos que necesitarás al día siguiente. Así, empezarás a sentirte preparado y responsable del control de tu diabetes.

Céntrate en tus puntos fuertes. Es fácil dejarse llevar por todos los aspectos negativos en que la diabetes afecta a tu mundo. Si sientes que la diabetes se está adueñando de tu vida, te puede ayudar mucho el hecho de poner por escrito tus puntos fuertes y todo lo que te gusta hacer. ¿Quién eres? ¿Eres un ávido lector, un buen jugador de hockey, un amante de la música, un genio de las matemáticas, un campeón en ortografía? Aparte de hijo, ¿eres hermano, nieto, estudiante, amigo, y/o cuidador de niños? ¿Eres un futuro astrónomo, profesor, médico o poeta? La diabetes solo es una pequeña parte de quien eres tú. No pierdas de vista tus sueños ni tus esperanzas, y busca tiempo para la gente y las cosas que te hacen disfrutar.        

Sigue tu plan para controlar la diabetes al pie de la letra. Mucha gente con diabetes se cansa de seguir su plan para controlar la diabetes de tanto en tanto. Y a veces la gente que ha aprendido a controlar su enfermedad se siente tan sana y tan fuerte que se pregunta si necesita seguir con ese plan. Por ejemplo, te puedes preguntar si te podrías saltar una comida mientras estás comprado en unos grandes almacenes o si podrías medir tu concentración de azúcar en sangre después del partido en vez de antes. Pero saltarte la medicación, no seguir tu plan de alimentación o dejar de medirte la concentración de azúcar en sangre cuando te toca pueden tener unos resultados desastrosos. Si sientes que quieres tirar la toalla, habla con tu médico. Los dos juntos podrán encontrar soluciones que se adapten a tu forma de vida y que, al mismo tiempo, te ayuden a mantenerte sano.

Tómate el tiempo que necesites. Tus sentimientos sobre la diabetes irán cambiando con el paso del tiempo; es posible que hoy te preocupe tu futuro y que te sientas distinto de tus amigos, pero tal vez el año que viene te preguntes cómo podías estar tan preocupado. Cuando aprendas a controlar la diabetes por ti mismo y adoptes un papel activo en el cuidado de tu salud, encontrarás un poco más fácil afrontar los altibajos emocionales que acompañan a esta enfermedad.

Los sentimientos de tu familia

De la misma forma que la diabetes puede afectar a tus sentimientos, también puede afectar a los sentimientos de tus padres y de otros miembros de tu familia. Puede ser duro ver a un padre preocupado. Te puede ayudar mucho el hecho de recordarte que nadie tiene la culpa de que tengas diabetes: ni tú ni tus padres. Del mismo modo que tú te preocupas de vez en cuando, es normal que tus padres se preocupen también. 

Cuando un padre (u otro miembro de la familia) está preocupado, esa preocupación se puede manifestar de formas extrañas. Por ejemplo, un padre se puede enfadar con el médico de su hijo. O es posible que tu madre o tu padre te pregunte constantemente cómo te encuentras, si estás comiendo bien y si te estás tomado la medicación. Y seguro que tú sabes que lo hacen porque te quieren. Pero te puede ir bien explicarles cómo lo vives tú cuando ellos se comportan así. Busca un buen momento para hablarlo con ellos abiertamente y con calma. A veces, acudir a un terapeuta familiar o unirse a un grupo de apoyo puede ayudar a las familias a superar los altibajos emocionales que conlleva la diabetes.

Otros parientes tuyos, como tus abuelos o tus tíos, también querrán saber cómo te encuentras. Es posible que a ti toda esa atención te resulte agobiante y la sientas como una intromisión, sobre todo en un momento en que te gustaría que te trataran como a todo el mundo. Si mantienes una relación cercana con esos parientes, puedes intentar hablar con ellos sobre cómo te sientes. Si no la mantienes, lo mejor será que lo dejes pasar y que te des cuenta de que tus parientes solo tratan de expresar que se preocupan por ti; aunque no estén muy acertados, es su forma de expresar que les importas.                      

Es posible que envidies a tu hermano o hermana por no tener diabetes, pero tal vez él te tenga envidia por la atención extra que recibes de tus padres. De nuevo, les puede ayudar mucho hablar abiertamente sobre lo que sienten, sabiendo que los sentimientos de ambos se pueden manifestar de formas extrañas, como en el enfado.

Tus amigos

Generalmente, es bueno informar a tus amigos y a tus compañeros de clase sobre tu diabetes. A algunas personas, el hecho de abrirse a los demás, explicándoles que les ocurre, las ayuda a sentir menos vergüenza. Si lo explican, no tendrán que preocuparse por lo que podrían pensar sus amigos cuando se miden sus concentraciones de azúcar en sangre o llevar puesta una bomba de insulina.

Cuando se lo expliques a tus amigos, está preparado para que te hagan preguntas sobre qué significa tener diabetes y cómo te hace sentir el hecho de padecerla. Algunas de sus preguntas te pueden parecer absurdas o divertidas, pero unos amigos que están bien informados sobre tus problemas de salud te pueden ser de gran ayuda para afrontar los sentimientos que conlleva la diabetes. Tener amigos dispuestos a escucharte cuando estés deprimido, enfadado y/o frustrado, aunque ellos no padezcan esta enfermedad, es evidente que te puede ayudar a encontrarte mejor.

Es normal que te importe cómo se sienten tus amigos y tus parientes, pero tu principal prioridad debe ser afrontar tus propias emociones. Para empezar, los años de adolescencia suelen ser una fase dura desde el punto de vista emocional (las hormonas someten a cualquiera a altibajos emocionales) y si, encima, le añadimos un problema de salud, la mezcla puede ser difícil de sobrellevar.

Es humano que necesites desahogarte si estás atravesando un momento difícil, como tener que afrontar una diabetes y los fuertes sentimientos que la acompañan. Pero, si crees que tus emociones te dominan por completo, te sientes muy deprimido o muy enfadado o lo estás pasando muy mal intentando adaptarte a tus nuevas rutinas relacionadas con el cuidado de tu salud, házselo saber a tu médico. Los dos juntos seguro que podrán elaborar un buen plan para mantener la situación bajo control.

Puede costar bastante tiempo adaptarse al hecho de padecer una diabetes y no existe ningún periodo de adaptación típico: hay gente que lo acepta y se adapta deprisa y otra que necesita más tiempo. De todos modos, algo de lo que hay que estar seguro es que: incluso la gente que ya lleva un tiempo viviendo con esta afección puede seguir experimentando emociones intensas y fuertes, de miedo o de tristeza, de tanto en tanto o cuando se debe enfrentar a situaciones nuevas. Es normal sentirse superado por la diabetes de vez en cuando.

Pero las emociones positivas también pueden formar parte del proceso de adaptación. No te extrañe que, conforme te vayas adaptando a tu diabetes, te empieces a sentir orgulloso, seguro de ti mismo, decidido, esperanzado, aliviado, relajado, querido, apoyado por los demás, fuerte y sí, incluso feliz.

Con el tiempo, te puedes convertir en un experto en reconocer y afrontar tus emociones y en hacer lo necesario para cuidar de tu salud. En realidad, el hecho de tener diabetes hasta te puede enseñar formas de afrontar y de adaptarte a los retos que te plantea la vida de un modo en que muchos adolescentes serían incapaces de hacerlo.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: agosto de 2016

Nota: Toda la información incluida en TeensHealth® es únicamente para uso educativo. Para obtener consejos médicos, diagnósticos y tratamientos específicos, consulte con su médico.

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