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La sangre

Los seres humanos no podemos vivir sin sangre. Sin ella, nuestros órganos no podrían obtener el oxígeno y los nutrientes que necesitan para sobrevivir, no podríamos calentarnos ni enfriarnos cuando lo necesitáramos, combatir las infecciones ni eliminar nuestros productos de desecho. Sin suficiente sangre, nos debilitaríamos y moríamos.

He aquí los aspectos fundamentales sobre ese líquido misterioso e imprescindible para la vida llamado "sangre".

Información básica sobre la sangre

Hay dos tipos de vasos sanguíneos que transportan sangre a través del cuerpo.

  1. Las arterias llevan sangre oxigenada (sangre que ha recibido oxígeno procedente de los pulmones) del corazón al resto del cuerpo.
  2. Luego la sangre viaja a través de las venas de vuelta al corazón y los pulmones, donde se volverá a oxigenar para volver a ser distribuida por el cuerpo a través de las arterias.

Cuando le bombea el corazón, usted puede notar cómo la sangre le corre por el cuerpo en los puntos donde se suele tomar el pulso, como el cuello y la cara interna de la muñeca, donde grandes arterias llenas se sangre pasan cerca de la superficie de la piel.

La sangre que fluye por esta red de venas y arterias es sangre entera o completa, que contiene tres tipos de células:

  1. glóbulos rojos
  2. glóbulos blancos
  3. plaquetas

En los bebés y los niños pequeños, las células sanguíneas se fabrican dentro de la médula ósea (el tejido esponjoso que hay en el interior de los huesos), sobre todo en los huesos largos del húmero (la parte superior del brazo) y el fémur (el hueso del muslo). Pero, cuando los niños crecen y se acercan a la etapa adulta, fabrican la mayor parte de sus células sanguíneas en la médula espinal de las vértebras (los huesos de la columna vertebral), las costillas, la pelvis, el cráneo y el esternón (el hueso del centro del pecho).

Estas células viajan por el sistema circulatorio suspendidas en un líquido amarillento denominado "plasma", que contiene un 90% de agua, así como nutrientes, proteínas, hormonas y productos de desecho. Las sangre entera es una mezcla de células sanguíneas y plasma.

Glóbulos rojos

Los glóbulos rojos (también denominados "eritrocitos") tienen forma de disco aplanado ligeramente hundido por el centro. Contienen una proteína rica en hierro llamada "hemoglobina". La sangre adquiere su color rojo intenso cuando la hemoglobina de los glóbulos rojos absorbe oxígeno procedente de los pulmones. A medida que la sangre circula por el cuerpo, la hemoglobina va liberando oxígeno a los tejidos.

El cuerpo contiene más glóbulos rojos que cualquier otro tipo de célula, y cada uno de ellos vive aproximadamente 4 meses. Cada día, el cuerpo produce nuevos glóbulos rojos para sustituir a los que mueren o se pierden.

Glóbulos blancos

Los glóbulos blancos (también denominados "leucocitos") son una pieza clave del sistema de defensa del cuerpo para combatir las infecciones (este sistema recibe el nombre de "sistema inmunitario"). Pueden entrar y salir del torrente sanguíneo para llegar hasta los tejidos infectados.

La sangre contiene muchos menos glóbulos blancos que rojos, pero el organismo puede aumentar la fabricación de glóbulos blancos para combatir infecciones. Hay varios tipos de glóbulos blancos y su duración oscila entre unos pocos días y varios meses. En la médula ósea, se forman constantemente nuevas células sanguíneas.

En la lucha contra las infecciones, participan distintos tipos de componentes de la sangre. Dos tipos de glóbulos blancos, llamados "granulocitos" y "linfocitos", circulan a lo largo de la paredes de los vasos sanguíneos. Luchan contra los gérmenes, como las bacterias y los virus, y también pueden intentar destruir aquellas células que se han infectado o que se han transformado en células cancerosas.

Ciertos tipos de glóbulos blancos fabrican anticuerpos, unas proteínas especiales que reconocen las sustancias extrañas y ayudan al cuerpo a destruirlas o neutralizarlas. La cantidad de glóbulos blancos presente en la sangre de una persona cuando tiene una infección suele ser superior a la habitual porque en estas situaciones se fabrican más glóbulos blancos o entra una mayor cantidad de ellos en el torrente sanguíneo para combatir la infección.

En cuanto una persona se tiene que enfrentar a determinada infección, sus linfocitos "recuerdan" cómo fabricar los anticuerpos específicos que atacarán rápidamente al mismo germen si volviera a entrar en el cuerpo.

Plaquetas

Las plaquetas (también conocidas como "trombocitos") son células diminutas de forma ovalada que se fabrican en la médula ósea. Ayudan en el proceso de coagulación. Cuando se rompe un vaso sanguíneo, las plaquetas se concentran en el área afectada y ayudan a sellar la rotura para frenar el sangrado. Las plaquetas solo sobreviven unos 9 días en el torrente sanguíneo y son sustituidas constantemente por nuevas células.

Unas proteínas importantes denominadas "factores de coagulación" también son cruciales para el proceso de coagulación. Aunque las plaquetas bastan para taponar pequeñas roturas de vasos sanguíneos y frenar temporalmente el sangrado, deben participar los factores de coagulación para que se formen coágulos sólidos y estables.

Las plaquetas y los factores de coagulación trabajan conjuntamente para formar coágulos sólidos que permiten frenar el sangrado, al cerrar heridas, cortes y rasguños, así como para impedir las hemorragias, tanto en el interior como en la superficie del cuerpo. El proceso de coagulación es como un rompecabezas de partes interconectadas. Cuando la última parte está en su sitio, se produce el coágulo; pero, si falta una sola pieza, las últimas piezas del rompecabezas no pueden encajar entre sí.

Cuando un vaso sanguíneo de gran tamaño sufre un corte, es posible que el cuerpo no sea capaz de auto-repararse solo a través de la coagulación. En estos casos, se utilizan vendajes, puntos o grapas para controlar la hemorragia.

Los nutrientes de la sangre

La sangre contiene otras sustancias importantes, como los nutrientes de los alimentos que han sido procesados por el sistema digestivo. La sangre también transporta las hormonas liberadas por las glándulas endocrinas, llevándolas hasta las partes del cuerpo que las necesitan.

La sangre es fundamental para tener una buena salud porque el organismo depende de que sus miles de millones de células reciban un aporte constante de combustible y de oxígeno. Ni siquiera el corazón podría sobrevivir sin que la sangre fluyera por los vasos sanguíneos que nutren sus paredes musculares.

La sangre también transporta dióxido de carbono y otros materiales de desecho hasta los pulmones, los riñones y el aparato digestivo, que se encargan de expulsarlos al exterior.

Las células sanguíneas y algunas de las proteínas especiales que contiene la sangre pueden ser reemplazadas o complementadas mediante la administración de sangre procedente de otra persona a través de una transfusión. Aparte de recibir transfusiones de sangre entera, la gente también puede recibir transfusiones de un componente sanguíneo en concreto, como las plaquetas, los glóbulos rojos o un factor de coagulación. Cuando una persona dona sangre, la sangre entera se puede separar en sus distintos componentes para hacer este tipo de transfusiones.

Enfermedades de los glóbulos rojos

La mayor parte del tiempo, la sangre funciona sin problemas. Pero a veces los trastornos sanguíneos u otros problemas de la sangre pueden provocan enfermedades. Las enfermedades de la sangre (o hemopatías) que suelen padecer los niños pueden afectar a cualquiera de los tres tipos de células sanguíneas. Hay otros tipos de enfermedades de la sangre que afectan a las proteínas y a las sustancias químicas del plasma que participan en el proceso de coagulación.

El trastorno más habitual que afecta a los glóbulos rojos es la anemia, que consiste en tener una cantidad de glóbulos rojos en la sangre inferior a la normal. Los síntomas de la anemia, como palidez, debilidad, frecuencia cardíaca acelerada y retraso del crecimiento en lactantes y niños, ocurren porque la sangre tiene una capacidad reducida de transportar oxígeno.

La anemia suele obedecer a una fabricación insuficiente de glóbulos rojos o a una destrucción excesivamente rápida de los mismos. En los casos más graves de anemia crónica, o cuando se pierde una gran cantidad de sangre, puede ser necesario hacerle al paciente una transfusión de glóbulos rojos o de sangre entera.

Anemia provocada por una fabricación insuficiente de glóbulos rojos. Las afecciones que pueden provocar una producción reducida de glóbulos rojos son las siguientes:

  • Anemia ferropénica (o por deficiencia de hierro). Es el tipo más frecuente de anemia. Afecta a niños y adolescentes de cualquier edad que llevan una dieta baja en hierro o que han perdido muchos glóbulos rojos (y el hierro que ellos contienen) debido a una hemorragia. Los bebés prematuros, los lactantes desnutridos, las adolescentes que tienen la menstruación y las personas con pérdidas continuas de sangre debido a una enfermedad o trastorno, como la enfermedad intestinal inflamatoria, son especialmente proclives a padecer este tipo de anemia.
  • Intoxicación por plomo. Cuando el plomo entra en el cuerpo, la mayor parte de él se introduce en los glóbulos rojos, donde puede interferir en la producción de hemoglobina, lo que puede evolucionar a una anemia. La intoxicación por plomo también puede afectar (y a veces lesionar de forma permanente) otros tejidos corporales, como el cerebro y el sistema nervioso. Aunque la intoxicación por plomo es mucho menos frecuente ahora que antes, sigue siendo un problema en muchas grandes ciudades, sobre todo en los lugares donde los niños pequeños pueden ingerir desconchados de pintura o el polvo que se desprende de las paredes de edificios antiguos pintados con pintura que contenía plomo.
  • Anemia provocada por una enfermedad crónica. Los niños que padecen enfermedades crónicas, como el cáncer o la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), suelen desarrollar anemia como complicación de estas enfermedades.
  • Anemia provocada por una enfermedad renal. Los riñones fabrican eritropoyetina, una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea. Las enfermedades renales pueden interferir en la producción de esta hormona.
  • Anemia provocada por la destrucción excesivamente rápida de glóbulos rojos. Cuando los glóbulos rojos se destruyen más deprisa de lo normal debido a una enfermedad (proceso conocido como hemólisis), la médula ósea intentará compensarlo aumentando la producción de nuevos glóbulos rojos. Pero, si los glóbulos rojos se destruyen más deprisa de lo que se pueden sustituir, la persona desarrollará una anemia.

Anemia provocada por la destrucción excesiva de glóbulos rojos. Entre las afecciones que pueden causar una destrucción incrementada de glóbulos rojos, se incluyen las siguientes:

  • Deficiencia de G6PD. La G6PD es una enzima que ayuda a proteger a las glóbulos rojos de los efectos destructivos de ciertas sustancias químicas que se encuentran en la comida y los medicamentos. Cuando se carece de esta enzima, esas sustancias químicas pueden provocar la hemólisis (o estallido) de los glóbulos rojos. La deficiencia de G6PD es una enfermedad hereditaria frecuente entre las personas de ascendencia africana, mediterránea o del sudeste asiático.
  • La esferocitosis hereditaria es una afección hereditaria donde los glóbulos rojos tienen una forma alterada (pequeñas esferas, en vez de discos) y son muy frágiles debido a un problema genético en una proteína de su estructura. Esta fragilidad hace que los glóbulos rojos se destruyan fácilmente.
  • Anemia hemolítica autoinmunitaria. A veces, debido a una enfermedad o sin que se conozca el motivo, el sistema inmunitario del cuerpo ataca por error a los glóbulos rojos y los destruye.
  • La anemia falciforme (también conocida como "anemia drepanocítica" o "drepanocitosis"), más frecuente en personas de ascendencia africana, es una enfermedad hereditaria que causa una producción de una hemoglobina anormal. Los glóbulos rojos adquieren forma de hoz, no pueden transportar oxígeno adecuadamente y son fáciles de destruir. Los glóbulos rojos en forma de hoz también tienden a pegarse entre sí, obstruyendo los vasos sanguíneos. Esto puede lesionar gravemente los órganos y provocar episodios de dolor intenso.

Enfermedades de los glóbulos blancos

  • La neutropenia ocurre cuando no hay suficiente cantidad de un tipo de glóbulo blanco para proteger al cuerpo de las infecciones bacterianas. Las personas sometidas a quimioterapia contra el cáncer pueden desarrollar neutropenia.
  • Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Este es un virus ataca a ciertos tipos de glóbulos blancos (los linfocitos) que luchan contra las infecciones. Este tipo de infección puede provocar el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que predispone al organismo a contraer infecciones y otras enfermedades. Los bebés se pueden infectar con el virus de sus madres durante el embarazo o el parto y también a través de la lactancia. De todos modos, la infección por VIH del feto y el recién nacido se suele poder prevenir con el tratamiento médico adecuado de la madre durante el embarazo y el alumbramiento. Los adolescentes y los adultos pueden contraer esta enfermedad al mantener relaciones sexuales sin protección o al compartir agujas contaminadas que se utilizan para inyectarse droga o hacerse tatuajes.
  • Las leucemias son cánceres de las células encargadas de fabricar glóbulos blancos. Entre estos cánceres, se incluye la leucemia mieloide aguda, la leucemia mieloide crónica, la leucemia linfocítica aguda y la leucemia linfocítica crónica. Los dos tipos de leucemia que más afectan a los niños son la leucemia linfocítica aguda y la leucemia mieloide aguda. En los últimos 25 años, los científicos han hecho grandes avances en el tratamiento de varios tipos de leucemia infantil, sobre todo, de ciertos tipos de anemia linfocítica aguda, que son mayoritariamente curables en los niños.

Enfermedades de las plaquetas

  • La trombocitopenia, o tener una cantidad de plaquetas inferior a la normal, se suele diagnosticar cuando una persona sangra o se hace moretones con más frecuencia de la habitual. La trombocitopenia puede ser hereditaria; o puede ocurrir cuando una persona se somete a quimioterapia, desarrolla una infección vírica o tiene leucemia; o si su cuerpo utiliza demasiadas plaquetas o fabrica una cantidad insuficiente de plaquetas. La púrpura trombocitopénica idiopática (PTI) es una afección donde el sistema inmunitario ataca y destruye sus propias plaquetas.

Enfermedades de la coagulación

El sistema de coagulación del organismo depende de las plaquetas, así como de los factores de coagulación y de otros componentes de la sangre. Si un defecto hereditario afecta a cualquiera de estos componentes, puede causar un trastorno hemorrágico.

Entre los trastornos hemorrágicos más frecuentes, se incluyen los siguientes:

  • La hemofilia, una afección hereditaria que afecta casi exclusivamente a los niños. Se debe a la falta de ciertos factores de coagulación en la sangre. Las personas con hemofilia grave corren un riesgo mayor de sangrar excesivamente y de hacerse moretones tras someterse a procedimientos odontológicos (dentales), operaciones o sufrir traumatismos. Pueden tener episodios de hemorragia interna de riesgo vital, incluso si no han tenido lesiones externas.
  • La enfermedad de Von Willebrand, el trastorno hemorrágico hereditario más frecuente, también se debe a una deficiencia en un factor de coagulación. Afecta tanto a hombres como a mujeres.

Otras causas de los problemas de coagulación son la enfermedad hepática crónica (ya que los factores de coagulación se fabrican en el hígado) y la deficiencia de vitamina K (una vitamina que es necesaria para fabricar ciertos factores de coagulación).

Revisado por: Yamini Durani, MD
Fecha de revisión: mayo de 2015

Nota: Toda la información incluida en KidsHealth® es únicamente para uso educativo. Para obtener consejos médicos, diagnósticos y tratamientos específicos, consulte con su médico.

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