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Pulmonía

Estás jugando bajo la lluvia, saltando de charco en charco, y alguien te grita: "Ponte a cubierto o te agarrarás una pulmonía". Pero, ¿qué es una pulmonía? ¿Y es verdad que se puede contraer jugando bajo la lluvia?

¿Qué es una pulmonía?

La pulmonía, también conocida como "neumonía", es una infección que afecta a uno o a ambos pulmones. La palabra "pulmonía" viene de "pulmón". Para entender qué significa contraer una pulmonía, necesitas saber algo sobre los pulmones y sobre cómo funcionan. Cuando inspiras, se te llenan los pulmones de oxígeno. El oxígeno te entra por las vías respiratorias y, al final, entra en tu sangre a través de los alvéolos.

Los alvéolos son una especie de pequeños sacos de aire cubiertos de unos vasos sanguíneos diminutos llamados capilares. ¿Cómo es posible que unas cosas tan pequeñas introduzcan el oxígeno en la sangre? ¡Tenemos unos 600 millones de alvéolos en los pulmones! Cuando el aire rico en oxígeno llega a los alvéolos, puede ser absorbido por la sangre. Entonces tus glóbulos rojos pueden trasportar oxígeno por todo tu cuerpo. El cuerpo necesita oxígeno para seguir funcionando adecuadamente y para mantenerse vivo. 

Pero, cuando una persona tiene una pulmonía, sus pulmones no pueden desempeñar su función tan bien como lo suelen hacer. ¿Por qué? Porque este tipo de infección genera un fluido y unas mucosidades que obstruyen los alvéolos. Esto dificulta que el oxígeno entre en las profundidades de los pulmones, desde donde se trasfiere al torrente sanguíneo. La persona puede seguir respirando, pero le resulta más difícil hacerlo, sobre todo si tiene afectados los dos pulmones. 

La pulmonía se puede dar en personas de cualquier edad, de bebés recién nacidos a personas muy ancianas. El hecho de mojarse cuando llueve no puede provocar una pulmonía, pero una infección por virus o bacterias sí que la puede provocar. Un resfriado o una gripe que no se curan y empeoran pueden desembocar en una pulmonía. Esto se debe a que el resfriado o la gripe irritan los pulmones, creando un ambiente propicio para que proliferen los gérmenes de la pulmonía y provoquen esta enfermedad.

¿Cómo se encuentra uno cuando tiene una pulmonía?

La mayoría de los niños que tienen pulmonía se sienten mal. Los síntomas pueden variar en función del estado general de salud que tenía el niño antes de ponerse enfermo y de si la pulmonía está provocada por un virus o por una bacteria. En una pulmonía bacteriana, un niño puede ponerse enfermo de golpe y puede tener fiebre alta con escalofríos. La pulmonía vírica (por virus) suele aparecer más lentamente y no pone tan enferma a la gente. 

En cualquier caso, un niño con pulmonía puede sentir como si tuviera la gripe, con tos, fiebre, dolor de cabeza y, a veces, dolor abdominal. La pulmonía también suele provocar dolor de pecho y la sensación de que te cuesta respirar. El niño puede respirar más deprisa que de costumbre y/o tener tos con mucosidades pegajosas o flemas. La pulmonía puede incluso provocar dolor de estómago y pérdida del apetito. 

Tener pulmonía no hace ninguna gracia pero, con el tratamiento adecuado, la mayoría de los niños se recuperan por completo. 

¿Qué hacen los médicos?

Para diagnosticarte una pulmonía, primero el médico te hará preguntas sobre cómo te encuentras, incluyendo lo bien que respiras, y te examinará. Te auscultará el pecho con un estetoscopio. Solemos pensar en el estetoscopio como un instrumento que se utiliza para escuchar el latido del corazón, pero también ayuda a los médicos a escuchar qué pasa en los pulmones. 

Los pulmones no laten, pero los médicos pueden oír los sonidos que hacen al respirar. Si tienes fluido en los pulmones (un signo de pulmonía), es posible que el médico te oiga un ruido burbujeante o crepitante. 

Si el médico cree que podrías padecer una pulmonía, es posible que te mande una radiografía de pecho (o tórax) o que inicie el tratamiento de inmediato. En las radiografías de pecho, los médicos suelen poder ver signos de la pulmonía. Cualquier acumulación de fluido o infección se suele ver como una zona blanquecina y más densa de lo normal en el área normalmente traslúcida de los pulmones. En algunos casos, las radiografías pueden ayudar a determinar si la infección está provocada por virus o bacterias.

No más pulmonías 

Si tu pulmonía es de origen bacteriano, el médico te recetará un antibiótico. Si el médico cree que vas a vomitar la medicación o si te cuesta respirar, te tratarán en un hospital mediante una vía intravenosa (VI). Una VI es un tubo diminuto que se introduce en una vena a través de la piel, generalmente del brazo, que hace que el medicamento vaya directamente a la sangre. 

Los antibióticos no sirven para tratar las infecciones provocadas por virus, por lo que, en las pulmonías víricas, solo se suelen recetar medicamentos para bajar la fiebre. Los médicos a veces pulverizan una solución salina (de agua salada) en la nariz de la persona para ablandar la mucosidad. Utilizar un humidificador de vapor frío en casa también puede ayudar. 

Independientemente del germen que te haya provocado la pulmonía, siempre es importante que hagas reposo y que bebas abundante líquido. 

Cómo prevenir la pulmonía

Hay varias formas de protegerse de la pulmonía. Una de ellas es llevar al día el calendario de vacunaciones, porque hay una vacuna que permite prevenir un tipo de pulmonía conocida como neumocócica. 

Ponerse la vacuna antigripal también puede ayudar a protegerse de la pulmonía, sobre todo a los niños que tengan asma o determinadas afecciones pulmonares. Dormir lo suficiente también es muy importante, porque la falta de sueño puede hacer que a tu sistema inmunitario le resulte más difícil combatir las infecciones. 

¿Qué más? Lávate las manos, por supuesto. El hecho de lavarte las manos con agua y jabón de forma regular te puede ayudar a evitar refriados y la gripe, e impedir que te infectes con otros gérmenes que pueden provocar una pulmonía. ¡O sea que lávate las manos y deja que esos gérmenes se vayan por las cañerías!

Fecha de revisión: agosto de 2014

Nota: Toda la información incluida en KidsHealth® es únicamente para uso educativo. Para obtener consejos médicos, diagnósticos y tratamientos específicos, consulte con su médico.

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