Problemas de conducta
Los niños con enfermedades crónicas requieren cariño, afecto y cuidados extra, pero también necesitan continuar con las rutinas de la niñez. La tarea más importante para los padres, y probablemente la más difícil, es tratar al niño enfermo de la manera más normal y natural posible.
A pesar de las circunstancias, esto significa poner límites, establecer cuáles son las conductas inaceptables, seguir rutinas normales y evitar consentirlos. Quizás esto parezca imposible, en especial si tiene sentimientos de culpa o una gran necesidad de proteger a su hijo enfermo. Pero consentir o malcriar a su hijo sólo hará que le resulte más difícil retomar las actividades diarias. Una vez que el niño abandona el hospital y regresa a su casa, la meta es volver a la normalidad.
Los hermanos
La dinámica familiar puede ser puesta a prueba cuando hay un niño enfermo. Las visitas a la clínica, los procedimientos quirúrgicos y los controles frecuentes pueden afectar los horarios de todos y afectar emocionalmente a toda la familia.
Para aliviar la presión, busque ayuda para que la rutina familiar sea lo más normal posible. Los amigos o familiares pueden ayudar con los recados, el traslado de los niños y las comidas. Los hermanos deben continuar asistiendo a la escuela y realizando sus actividades recreativas usuales, y la familia debe esforzarse por alcanzar la normalidad y encontrar tiempo para que todos estén juntos.
La clave radica en ser flexible. Antes, la "normalidad" podía ser reunir a toda la familia para cenar una comida casera a las 6, mientras que lo "normal" ahora puede ser comer una pizza las noches en que es necesario acudir a la clínica.
Considere también hablar con los maestros o consejeros escolares de sus otros hijos para que sepan que uno de los hermanos está enfermo. Pueden prestar atención a cambios de conducta o señales de estrés entre sus hijos.
Con frecuencia, los hermanos de los niños con una enfermedad crónica se enojan, se vuelven huraños, resentidos, temerosos o se aíslan. Tal vez participen en peleas o se atrasen con el trabajo escolar. En cualquier caso, los padres deben prestar atención para que no se sientan dejados de lado por las exigencias del hermano enfermo.
También puede ser de gran ayuda incluirlos en el proceso del tratamiento, siempre que sea posible. Según la edad y el nivel de madurez, acudir al hospital, conocer a los enfermeros o los médicos, o acompañar al hermano enfermo a la clínica para recibir su tratamiento puede ayudar a que la situación sea menos atemorizante y más comprensible para los hermanos sanos.
Lo que imaginan sobre la enfermedad y las visitas al hospital suele ser peor que la realidad. Cuando van al hospital pueden crearse una imagen más realista y ver que, si bien el tratamiento implica cosas desagradables, hay personas que se preocupan por su hermano y hacen todo lo que pueden por ayudarlo.