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Cuando tienes un hermano gravemente enfermo

(When a Sibling Is Seriously Ill)

Los hermanos pueden ser muchas cosas: amigos, aliados, modelos... y aceptémoslo, a veces pueden ser molestos.

Pero cuando tu hermano tiene una enfermedad grave, la relación cobra otra dimensión; y lo mismo ocurre con tu vida. Tal vez te veas obligado a hacer frente a emociones muy confusas e intensas. No eres el único que se siente de esta manera y es importante que te cuides durante este tiempo de estrés.

"¿Cómo puedo estar sintiendo esto?"

La adolescencia es un tiempo de creciente independencia y relaciones cambiantes con los padres. Si tienes un hermano con una enfermedad grave, los altibajos emocionales serán aún mayores.

Por momentos, tal vez te sientas preocupado por tu hermano y tus padres y por las demás personas encargadas del cuidado. En otros momentos, tal vez te sientas enojado, celoso, estresado o abandonado; y quizás te sientas culpable por sentir estas emociones, aun cuando son totalmente naturales.

Si la enfermedad o los tratamientos de tu hermano tienen efectos secundarios obvios, como la pérdida del cabello o cambios en su conducta, quizás hasta te sientas avergonzado por la manera en la que se ve o actúa.

Estas emociones (y muchas otras que sentirás) son totalmente naturales. Esto no te convierte en un hermano o una persona atroz; simplemente en un ser humano normal.

Aquí incluimos algunas de las reacciones fuertes, y en ocasiones encontradas, que la mayoría de los adolescentes tienen hacia la enfermedad de un hermano:

  • preocupación por que su hermano fallezca o quede discapacitado de manera permanente
  • miedo a "contagiarse" la enfermedad del hermano
  • culpa por ser sano y capaz de disfrutar de actividades que tu hermano no puede disfrutar
  • temor por no poder irse de vacaciones o jugar en un equipo que se irá de viaje
  • enojo porque los padres le dedican la mayor parte del tiempo y la energía a tu hermano
  • temor de que ningún integrante de la familia se preocupe por ti o sentirte abandonado porque tus familiares pasan tanto tiempo centrados en tu hermano enfermo
  • resentimiento cuando tu hermano no tiene que ayudar con las tareas de la casa
  • resentimiento porque la familia tiene menos dinero para gastar por la enfermedad de tu hermano
  • deseos de que las cosas pudieran ser igual a como eran antes de la enfermedad
  • culpa por haber sido malo con tu hermano en el pasado
  • preocupación general o ansiedad por el futuro incierto

Qué puedes hacer

Busca ayuda. Si sientes que te arrasan los sentimientos negativos, intenta comprenderte a ti mismo y lo que estás atravesando. Acepta que tus sentimientos son naturales y fíjate si puedes encontrar apoyo que te ayude a evitar descargar tus miedos y tus sentimientos sobre ti o tu familia. (Y si en algún momento cometes un error y pierdes los estribos, perdónate a ti mismo, pide perdón y sigue adelante. Todos tienen problemas, en algún momento, para manejar sus emociones, incluso los adultos).

Habla con tus padres o un adulto en quien confíes y considera unirte a un grupo de apoyo; muchos hospitales e instalaciones médicas cuentan con grupos de apoyo para hermanos.

Escribe. Escribe un diario con tus sentimientos y pensamientos, o compone canciones o poesía con tus sentimientos. Permítete ser totalmente honesto y no te juzgues a ti mismo por lo que sientes. Si no te gusta mucho escribir a mano, puedes crear un documento protegido con contraseña y si no te gusta escribir, recurre al arte o al karate o alguna otra forma de autoexpresión. Piensa en ello como una manera segura de desahogar y enfrentar tus sentimientos, además de liberar tu enojo y tu estrés de manera segura.

Tómate un tiempo para ti. No te olvides de tomarte un tiempo para ti y divertirte, relajarte y pasar tiempo con personas que se preocupan por ti. Es muy bueno ayudar a la familia; realmente te necesitan en este momento. Pero no es necesario que estés de guardia las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Asegúrate de hacerte también un tiempo para ti.

Ayuda a tu familia y ayúdate a ti mismo

Por la edad que tienes, puedes ser de gran ayuda para tu familia: puedes cocinar, hacer las tareas del hogar, hacer compras, cuidar a los más pequeños y ayudar de maneras que un niño pequeño no podría ayudar. Hacer estas cosas puede ayudarte a sentirte bien contigo mismo: realmente puedes hacer que las cosas sean diferentes. De hecho, muchos adolescentes cuyos hermanos enfrentaron una enfermedad grave dicen que esa experiencia los hizo más fuertes.

Asumir un papel activo como persona a cargo del cuidado del niño puede forjar el carácter. Puede ayudarte a adquirir madurez, autoestima y una mayor conciencia y empatía con otras personas que están en situaciones similares, y hacerte sentir más cerca de tu familia.

Poder ayudar también te permite sentir que tienes más control cuando las cosas se ponen difíciles. Pero poder ayudar puede tener algunas desventajas si sientes que tus padres dependen demasiado de ti o que dan por sentado que cuentan con tu ayuda.

A veces las expectativas son muy elevadas y tus responsabilidades familiares comienzan a interferir con tu bienestar o tu trabajo en la escuela. En este momento, es hora de expresar tus sentimientos para no quedar atrapado en un círculo de resentimiento y culpa. Si no estás preparado para hablar directamente con tus padres, habla con la trabajadora social del hospital, con tu consejero escolar, el padre de un amigo o tu entrenador.

Si comienzas a sentirte abrumado por todas las cosas que se espera que hagas (o las cosas que tú crees que deberías hacer), habla con tus padres e intenta hacerles saber lo que sientes. Diles que deseas ayudar, pero que estás preocupado por la escuela y otras responsabilidades. Trabajen juntos para encontrar maneras de llegar a un punto intermedio para que puedas ayudar pero sin perder el contacto con tus amigos, los deportes y otras actividades importantes para ti. Si no puedes hablar con tus padres, habla acerca de lo que puedes hacer con un adulto en quien confíes.

Tal vez te ayude recordar que, aun cuando tus padres y tus hermanos están muy ocupados y estresados para reconocerlo ahora, tu ayuda y tu apoyo significan mucho para ellos.

Otras maneras de enfrentar los sentimientos

Aun cuando te sientas bien, cualquier familia que convive con un niño enfermo se encuentra en situación de estrés. Aquí hay algunas maneras de enfrentar lo que ocurre:

Mantente informado. Tener información acerca de la enfermedad de tu hermano y lo que él está atravesando, te ayudará a evitar los miedos innecesarios. También puede ayudarte a manejar lo que está ocurriendo. Pregunta a tu hermano, tus padres y el personal médico. Tus padres tal vez no estén seguros de cuánta información pueden darte; por lo tanto, ayúdalos a comprender que deseas escuchar y ser escuchado.

Es común preocuparse por la posibilidad de enfermarse. La mayoría de las enfermedades infantiles, como el cáncer, la anemia falciforme, la epilepsia y la insuficiencia renal no son contagiosas. Si te preocupa tener un riesgo genético de padecer una enfermedad, pregúntales a tus padres si puedes hablar con un especialista en genética.

Designa un adulto a quien puedas recurrir. Encuentra un adulto (puede ser un maestro o un tío) a quien puedas recurrir para recibir apoyo y consejos cuando necesites algo y tus padres no estén a tu disposición. Si bien ya no eres un niño, todos necesitan poder recurrir a alguien. Contar con un adulto con quien poder hablar puede ayudarte a procesar lo que estás experimentando.

Mantente positivo. Recuerda que, al igual que tu hermano, mereces tener tiempo para relajarte, divertirte y hacer tonterías. Por lo tanto, pasa tiempo con personas que se preocupen por ti y haz cosas que te relajen y te diviertan. A veces, simplemente quedarte con tu hermano y mirar una película o jugar un juego de mesa puede hacer que vuelvas a sentirte bien. Haz lo que sea necesario para cuidarte tanto en tu familia como fuera de ella.

Revisado por: Michelle New, PhD
Fecha de revisión: abril de 2012