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Prolapso de la válvula mitral

(Mitral Valve Prolapse)

Sobre el prolapso de la válvula mitral

El prolapso de la válvula mitral es una afección cardíaca muy frecuente; ocurre cuando una de las válvulas del corazón no funciona de forma adecuada. Esta afección puede asustar mucho a un padre, ya que afecta al corazón y se pueda dar junto con un dolor pectoral de carácter agudo, pero no se trata de un problema cardíaco grave.

Puesto que el prolapso de la válvula mitral no suele cursar con síntomas ni interferir en la vida diaria del paciente, en muchos casos no se diagnostica hasta la etapa adulta. Pero, cuando se le diagnostica a un niño, es importante que sus padres sepan qué síntomas pueden estar relacionados con esta afección para poderlos distinguir de los signos de otras afecciones cardíacas más graves.

¿Qué es la válvula mitral?

Para entender el prolapso de la válvula mitral, ayuda mucho recordar y repasar algunos aspectos fundamentales del funcionamiento del corazón.

  • El corazón consta de cuatro cámaras diferentes: dos aurículas (las dos cámaras de la parte superior) y dos ventrículos (las dos cámaras de la parte inferior).
  • Durante la circulación sanguínea, la sangre llega a aurícula derecha del corazón procedente de todas las partes del cuerpo.
  • Luego pasa al ventrículo derecho, que se encarga de bombearla hacia los pulmones, donde se oxigena.
  • Una vez oxigenada, la sangre va de los pulmones a la aurícula izquierda y, a continuación, pasa al ventrículo izquierdo, encargado de bombearla al resto del cuerpo a través de la arteria aorta.

¿Dónde se encuentra la válvula mitral?

La válvula mitral se encuentra entre la aurícula izquierda y el ventrículo izquierdo y ayuda a controlar el flujo de la sangre cuando pasa entre estas dos cámaras. La válvula consta de dos pliegues de tejido -denominados valvas- que se abren y se cierran conjuntamente como si se tratara de una puerta vaivén. Cada vez que bombea el corazón, el ventrículo izquierdo expulsa la sangre al resto del cuerpo mientras la puerta vaivén (o las valvas) permanece cerrada, lo que impide que la sangre que hay dentro del ventrículo izquierdo regrese hacia atrás, introduciéndose de nuevo en la aurícula izquierda.

En los casos de prolapso de la válvula mitral, una o dos de sus valvas pueden no encajar bien y proyectarse hacia la aurícula en el momento del cierre. Esto puede ocurrir cuando una de las valvas es demasiado grande o tiene una morfología anómala.

A veces, cuando las valvas no se cierran por completo, la sangre retrocede hacia la aurícula izquierda. Esto recibe el nombre de regurgitación mitral. Una leve regurgitación mitral carece de importancia y se considera completamente normal. Cuando se produce una regurgitación mitral de mayor importancia es posible que, al auscultar al paciente, el médico oiga un sonido sibilante (un soplo) entre el bum-bum normal del latido cardíaco. (Debido a estos sonidos anómalos, el prolapso de la válvula mitral también se conoce como síndrome de valvas o de la válvula mitral expandida, válvula mitral en oleaje, síndrome del clic sistólico, síndrome del clic-soplo, síndrome de la valva redundante).

En la mayoría de los casos, se desconoce la causa del prolapso de la válvula mitral. Hay niños que nacen con esta afección y hay otros que la desarrollan tras padecer algún tipo de afección inflamatoria, como la endocarditis (una infección del revestimiento interno del corazón) o la fiebre reumática (una inflamación que puede afectar a las articulaciones y el corazón).

El prolapso de la válvula mitral se puede diagnosticar en personas que padecen otras afecciones que afectan al tejido conjuntivo del organismo, como el síndrome de Marfan. Algunas investigaciones han mostrado que los niños que padecen un prolapso de la válvula mitral son más proclives a presentar arritmia cardíaca (irregularidades en el latido cardíaco).

Signos y síntomas

Mucha gente con prolapso de la válvula mitral no presenta ningún síntoma en absoluto. De todos modos, en algunos niños, las valvas de la válvula mitral emiten un pequeño chasquido al cerrarse, como cuando das un latigazo utilizando una toalla. El pediatra es posible que detecte ese sonido al escuchar el corazón de su hijo con un estetoscopio y descubra, de ese modo, que padece un prolapso de la válvula mitral.

Las personas con prolapso de la válvula mitral que presentan regurgitación mitral también pueden presentar soplos cardíacos, el sonido provocado por el reflujo de parte de la sangre hacia la aurícula izquierda. Cuando se combinan un chasquido y un soplo, el chasquido ocurre primero (cuando las valvas se cierran de forma incorrecta) y luego viene el soplo (el ruido de la regurgitación de la sangre que refluye hacia la aurícula a través de una válvula mal cerrada).

Los niños afectados por un prolapso de la válvula mitral pueden:

  • tener mareos o la sensación de que se les va la cabeza
  • sentirse agotados
  • faltarles el aliento o tener problemas para respirar después de hacer ejercicio físico
  • tener la sensación de que el corazón saltea latidos o les late muy deprisa
  • padecer un dolor pectoral que viene y va

El dolor pectoral se suele describir como de carácter agudo pero puede variar de una persona a otra. De todos modos, en la población infantil no está claro si este dolor está provocado por el prolapso de la válvula mitral o por una afección diferente, como el reflujo estomacal.

El dolor de pecho no suele ser peligroso cuando afecta a un niño. De todos modos, llame al pediatra si su hijo tiene un dolor pectoral que:

  • ocurre de forma consistente durante el ejercicio físico o el deporte
  • genera opresión o sensación de aplastamiento
  • ocurre junto con otros síntomas (palpitaciones de más de pocos segundos de duración, mareos, desmayos o falta de aliento)

Diagnóstico y tratamiento

En la mayoría de los casos, el prolapso de la válvula mitral se diagnostica en una revisión ordinaria, cuando el pediatra ausculta el corazón del niño y oye un sonido diferente al esperado. Si el pediatra oye un chasquido o un soplo que indica la posibilidad de que su hijo sufra un prolapso de la válvula mitral, lo enviará a un cardiólogo pediátrico, un médico especializado en diagnosticar y tratar las afecciones cardíacas de los niños.

El cardiólogo llevará a cabo una detenida exploración física del niño y lo auscultará. Luego es posible que solicite varias pruebas, como un ecocardiograma (ECG) y un electroecardiograma (EKG) para averiguar qué es lo que provoca el o los sonidos anómalos. El ECG utiliza las ondas sonoras para elaborar una imagen del corazón y de la sangre que fluye a su través y el EKG registra la actividad eléctrica procedente del corazón. Si un niño tiene un prolapso de la válvula mitral, los aletazos de las valvas se verán reflejados en el ecocardiograma cada vez que le lata el corazón.

Los niños diagnosticados de prolapso de la válvula mitral no suelen requerir tratamiento médico alguno. En algunos casos donde el prolapso provoca una regurgitación importante, se receta medicación para la tensión arterial a fin de controlar el esfuerzo el músculo cardíaco. (Cuando la sangre vuelve hacia la aurícula, el corazón ha de latir a mayor esfuerzo a fin de poder bombear la cantidad adecuada de sangre al resto del cuerpo.)

Los niños que, aparte de un prolapso de la válvula mitral, presentan arritmia cardíaca pueden necesitan tomar medicamentos que ayudan a regular el ritmo cardíaco. De todos modos, se trata de algo sumamente infrecuente en la población infantil. El reflujo de la sangre provocado por un prolapso de la válvula mitral puede proseguir durante años; en contadas ocasiones, un niño puede requerir una intervención quirúrgica para corregir una válvula mitral que cierra muy mal y por la que vuelve una gran cantidad de sangre.

Prevenir las infecciones de corazón

En los niños que presenten un prolapso de la válvula mitral asociado a regurgitación, existe un riesgo reducido de infección bacteriana de la válvula cardíaca (endocarditis infecciosa). De todos modos, es sumamente infrecuente que este tipo de endocarditis ocurra durante la infancia. Muchas veces, las bacterias que provocan este tipo de infecciones habitan en la boca, desde donde entran en el torrente sanguíneo a través de las encías y después, algo que todavía es más improbable, pueden acabar infectando el corazón.

Durante mucho tiempo se ha recomendado administrar una dosis de antibióticos a las personas con prolapso de la válvula mitral antes de ir al dentista y de someterse a una intervención quirúrgica, como medida de precaución. Pero, desde el estudio de revisión que publicó la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) en el año 2007, se ha dejado de recomendar esta medicación, ya que se constató que no protegía a los pacientes de forma infalible.

En lugar de ello, su hijo debería centrar su atención en cuidarse bien la boca. Indíquele que:

  • Se cepille los dientes dos veces al día, por la mañana y por la noche, después de desayunar y de cenar.
  • Utilice hilo dental entre sus dientes cada noche.
  • Vaya al dentista cada seis meses.

El cardiólogo le dirá si necesita indicaciones especiales además de las ya mencionadas.

Cuidar de un niño que padece un prolapso de la válvula mitral

Los niños con prolapso de la válvula mitral que no presentan otras afecciones médicas no suelen requerir cuidados especiales. Un niño que padezca esta afección y practique un deporte competitivo, podrá seguir practicándolo siempre y cuando no presente regurgitación mitral ni otros síntomas de prolapso mitral. Los niños que presenten regurgitación u otros síntomas de prolapso mitral deberán dejar de hacer deporte. Y es probable que deban someterse a pruebas complementarias.

A pesar de que toda afección cardíaca puede asustar bastante a un padre, lo más probable es que el prolapso de la válvula mitral de su hijo no tenga ningún impacto sobre su vida diaria ni sobre las actividades que practica. Si tiene alguna duda o pregunta o hay algo que le preocupa, no dude en hablar con el pediatra de su hijo.

Revisado por: Paul C. Anisman, MD
Fecha de la revisión: septiembre de 2011