SSM Cardinal Glennon Children's Medical Center
(314) 577-5600
www.cardinalglennon.com
 

Malaria

(Malaria)

Sobre la malaria

La malaria, también conocida como "paludismo", es una infección habitual en las zonas tropicales cálidas, aunque también puede ocurrir (muy ocasionalmente) en los climas templados. Aunque se considera una enfermedad grave, la malaria puede ocasionar cuadros leves en algunas personas y una enfermedad de riesgo de vida en otras. La malaria se puede curar si se trata de forma adecuada.

Su causa reside en varias especies de parásitos del género Plasmodium. Estos parásitos son transportados por mosquitos que se han infectado previamente al picar a personas que ya tenían la enfermedad. La malaria se transmite cuando un mosquito infectado pica a una persona. En contadas ocasiones, la enfermedad se puede contagiar directamente de una persona a otra (de una madre a un hijo, lo que recibe el nombre de "malaria congénita", al compartir agujas o a través de una transfusión de sangre o de una donación de órganos).

Cada año se infectan de malaria entre 300 y 500 millones de personas en todo el mundo. La mayoría de los casos se producen en el África subsahariana, donde mueren aproximadamente dos millones de personas al año. Asia, América Latina y algunas partes de Europa también están afectadas por esta enfermedad.

La malaria es poco frecuente en EE.UU., donde solo se han contabilizado 1.300 casos anuales de esta enfermedad a lo largo de los últimos 10 años. La mayoría de los casos se producen en personas que viajan al extranjero, militares e inmigrantes que contrajeron la infección fuera de los EE.UU.

Signos y síntomas

Los primeros síntomas de la malaria incluyen la irritabilidad y la somnolencia, así como la falta de apetito y los problemas para conciliar el sueño. Estos síntomas suelen ir seguidos de escalofríos y después de fiebre asociada a respiración agitada. La fiebre puede ir aumentando progresivamente durante uno o dos días o bien subir de golpe hasta los 40,6° C (o 105° F) o incluso más. A continuación, cuando baja la fiebre y el cuerpo recupera rápidamente su temperatura normal, se produce un episodio de sudores intensos.

El mismo patrón de síntomas (escalofríos, fiebre, sudores) puede repetirse a intervalos de dos o tres días, en función de cuál sea la especie de parásito en concreto que haya provocado la infección.

Debido a que los síntomas iniciales no son específicos de esta enfermedad y pueden confundirse con los de otras enfermedades, la malaria puede ser difícil diagnosticar. En los países donde abunda la malaria, no es raro que los médicos administren tratamiento contra la malaria a personas que presenten fiebre en ausencia de causa evidente sin ni siquiera confirmar el diagnóstico mediante pruebas de laboratorio.

Síntomas adicionales

Otros síntomas de la malaria incluyen dolor de cabeza, náuseas, dolores y molestias por todo el cuerpo (especialmente en la espalda y el abdomen) y agrandamiento anómalo del bazo. Cuando la malaria afecta al cerebro, puede haber convulsiones o pérdida de conciencia. Si afecta a los riñones, se puede reducir considerablemente la cantidad de orina producida por el organismo. En la malaria falciparum, provocada por el parásito Plasmodium falciparum, los episodios de fiebre y escalofríos son especialmente intensos y este tipo de malaria es mortal en aproximadamente el 20% de los casos.

Una vez los parásitos entran en el torrente sanguíneo, se desplazan hasta el hígado, donde se multiplican. Cada pocos días, miles de parásitos abandonan el hígado y colonizan el torrente sanguíneo, donde destruyen los glóbulos rojos.

El período de incubación de la malaria es el tiempo que transcurre entre la picadura del mosquito y la salida de parásitos desde el hígado. La duración de este periodo dependerá del cuál sea el parásito de la malaria que ocasione la enfermedad. Por lo general, varía entre 10 días y un mes.

Con tratamiento, la malaria se suele curar en unas dos semanas. Sin tratamiento, puede llegar a ser mortal, sobre todo en niños desnutridos.

Prevención

Las autoridades sanitarias intentan prevenir la malaria mediante programas de control dirigidos a eliminar a los mosquitos que transmiten esta enfermedad. Si viaja con su familia a una zona del mundo donde existe un riesgo elevado de contraer la malaria, instalen telas metálicas antimosquitos en las ventanas, usen repelentes de insectos y coloquen mosquiteras sobre las camas. Se ha comprobado que las mosquiteras impregnadas de insecticida han reducido la cantidad de muertes por malaria en la población infantil africana.

Antes de viajar con su familia a cualquier zona tropical o subtropical donde haya riesgo elevado de contagio de malaria, consulte a su médico y al pediatra de su hijo. Ellos les podrán recetar medicamentos antipalúdicos para prevenir esta enfermedad, que se deben tomar antes de iniciar el viaje. En la actualidad se están desarrollando y probando varias vacunas contra la malaria por todo el mundo pero, puesto que los parásitos de la malaria tienen un ciclo vital complicado, se trata de una vacuna difícil de desarrollar.

Diagnóstico y tratamiento

Los médicos diagnostican la malaria mediante un análisis de sangre específico. Se envía una muestra de sangre al laboratorio para que la estudien al microscopio y comprueben si contiene parásitos de la malaria, que se pueden ver dentro de los glóbulos rojos infectados.

La malaria se trata con medicamentos antipalúdicos, como la cloroquina o la quinina, que se pueden administrar por vías oral, inyectable o intravenosa o IV (directamente a la vena). En función del tipo de parásito involucrado, se puede administrar el tratamiento en régimen ambulatorio durante varios días o bien ingresando al paciente en el hospital para administrarle el medicamento por vía intravenosa.

Los médicos estarán pendientes de la aparición de signos de deshidratación, convulsiones, anemia y otras complicaciones que puedan afectar al cerebro, los riñones o el bazo. Es posible que el paciente necesite recibir líquidos, transfusiones de sangre y/o asistencia respiratoria.

La malaria es la principal causa de muerte en todo el mundo. Por eso es tan importante informar a médicos y pediatras cuando se haya viajado a áreas con riesgo de malaria.

Si la malaria se diagnostica al principio de la enfermedad y se trata, se puede curar. Sin embargo, muchas personas que viven en zonas donde abunda la malaria, se infectan repetidamente y nunca se llegan a recuperar entre episodios consecutivos de esta enfermedad.

Revisado por: Yamini Durani, MD
Fecha de renovación: julio de 2012