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Invaginación intestinal

(Intussusception)

Acerce invaginación intestinal

Justin lloraba a voz en grito y encogía las rodillas sobre el pecho mientras sus desconcertados padres intentaban calmarlo. Su bebé de siete meses había tenido episodios de “cólico del lactante” con anterioridad, pero esto era algo distinto -sus llantos eran mucho más intensos y el pequeño estaba mucho más irritable. A medida que transcurría la tarde, el padre de Justin se percató de que su hijo tenía el vientre hinchado y, cuando fue a cambiarle el pañal, sospechó que algo iba mal.

Tras hablar con el pediatra, el padre de Justin lo envolvió en un arrullo y se lo llevó al servicio de urgencias, donde le diagnosticaron y le trataron con éxito una invaginación intestinal, la emergencia abdominal más frecuente en niños de menos de dos años. Siga leyendo para aprender más cosas sobre la invaginación intestinal, sus síntomas, su tratamiento y mucho más.

¿Qué entendemos por invaginación intestinal?

Una invaginación intestinal se produce cuando una porción del intestino se introduce o se cuela en el interior de la porción adyacente, como si se tratara del segmento de un telescopio. Cuando ocurre esto, se produce una obstrucción intestinal y las paredes intestinales que están en contacto presionan una contra otra. Esto, a su vez, cursa con hinchazón, inflamación y disminución de la irrigación sanguínea en los segmentos intestinales afectados.

La principal causa de obstrucción intestinal en niños de entre 3 meses y 6 años de edad es la invaginación intestinal, la cual:

  • afecta preferentemente a niños de entre 5 y 10 meses de edad (el 80% ocurre antes de los 24 meses)
  • afecta a entre uno y cuatro de cada 1.000 lactantes
  • es de tres a cuatro veces más frecuente en los bebés de sexo masculino

Signos y síntomas

Los niños con invaginación intestinal tienen fuertes dolores abdominales, que suelen empezar tan súbitamente que provocan llantos intensos y angustiosos y llevan al niño a encoger las rodillas sobre el pecho. El dolor suele ser intermitente, pero es recurrente y va en aumento. Cuando disminuye el dolor, un niño con invaginación intestinal puede dejar de llorar y parecer que está bien.

Otros síntomas frecuentes de invaginación intestinal incluyen:

  • abdomen hinchado o distendido
  • heces mezcladas con sangre y mucosidades, a veces descritas como “jalea de grosella” (el 60% de los lactantes con invaginación intestinal tienen este tipo de deposiciones)
  • vómitos
  • vómitos de bilis, un líquido amargo segregado por el hígado que suele ser de color entre dorado-amarronado y verdoso
  • somnolencia o amodorramiento
  • respiración superficial
  • ruidos roncos al respirar (similares a los gruñidos)

Conforme vaya progresando la enfermedad, el niño se debilitará progresivamente y es posible que tenga fiebre e incluso un choque hipovolémico, cuyos síntomas incluyen: aletargamiento, taquicardia (aceleración de la frecuencia cardíaca), pulso débil, hipotensión y respiración rápida.

Causas

Las causas de la invaginación intestinal en lactantes se desconocen, aunque hay varias teorías al respecto. Puesto que hay más casos de invaginación intestinal en primavera y otoño, esto parece indicar una posible relación entre la invaginación intestinal y las infecciones vírales que suelen contraer los niños durante estas estaciones, incluyendo las que afectan a las vías respiratorias superiores.

A veces, la invaginación intestinal ocurre poco después de un episodio de gastroenteritis (a veces denominada gripe intestinal o estomacal). Las infecciones gastrointestinales pueden provocar la inflamación del tejido linfático que recubre el interior del tubo digestivo y cuya función consiste en luchar contra las infecciones; esta inflamación puede favorecer el desplazamiento de una porción de intestino en el interior de otra. Las invaginaciones intestinales son más frecuentes en torno a la edad en que se introducen los sólidos en la dieta de los lactantes. Se ha sugerido que la introducción de nuevos alimentos también puede provocar inflamación del tejido linfático que recubre el interior de los intestinos, incrementándose las probabilidades de desarrollar invaginaciones intestinales.

Cuando un adulto o un niño de más de tres años desarrolla una invaginación intestinal, esta suele esta provocada por el engrosamiento de los ganglios linfáticos, un tumor o un pólipo en el intestino.

Diagnóstico y tratamiento

El pediatra examinará al niño, prestando especial atención al abdomen. A menudo el pediatra palpará la parte de intestino afectada, que estará inflamada y será dolorosa al tacto, describiéndose a menudo como una "masa en forma de salchicha". Síntomas como dolor abdominal, encoger las rodillas sobre el pecho, vómitos, aletargamiento y heces mucosas y sanguinolentas también son de gran ayuda para hacer el diagnóstico. Aparte la exploración física, el pediatra preguntará a los padres sobre otros síntomas que presente el niño y cualquier otro aspecto de su salud que les preocupe, cómo ha sido la salud del niño en el pasado, los antecedentes médicos familiares, los medicamentos que está tomando (en caso de que tome alguno), cualquier alergia que pueda padecer y otras cuestiones. Esto se conoce como anamnesis o antecedentes médicos.

Si el pediatra piensa que una invaginación intestinal puede ser la causa del dolor, pedirá la opinión a un cirujano pediátrico, quien examinará al niño y tomará decisiones sobre su tratamiento. Es posible que el pediatra solicite una radiografía abdominal, que puede o no mostrar signos de obstrucción intestinal. Una ecografía abdominal también puede ayudar a hacer el diagnóstico. Si el niño se ve muy enfermo, lo que sugiere una perforación intestinal, es posible que el cirujano opte por llevarlo inmediatamente al quirófano para corregir la obstrucción intestinal.

Los enemas de bario o aire se utilizan a menudo tanto para diagnosticar como para tratar las invaginaciones intestinales. En el enema de bario se administra una mezcla líquida que contiene bario a través de un catéter que se ha introducido previamente en el recto del niño y seguidamente se le hacen radiografías especiales. El bario recubre el interior de los intestinos y, si hay una invaginación intestinal, en la radiografía se verá el segmento de intestino que ha penetrado en el segmento adyacente.

En muchos casos, el enema de bario no sólo permite detectar la invaginación sino que la presión ejercida en el interior del intestino despliega el segmento de intestino que se había desplazado. El enema de aire, también administrado por vía rectal de forma similar al de bario, también se puede utilizar para diagnosticar y tratar las invaginaciones intestinales.

El radiólogo suele ser quien decide cuál de las dos pruebas es más recomendable en cada caso. Ambos procedimientos son muy seguros y generalmente bien tolerados por los pacientes, aunque hay un riesgo reducido de infección y de perforación intestinal. Hay un 10% de riesgo de recurrencia, que suele ocurrir duras las 72 horas inmediatamente posteriores al procedimiento.

Si el enema de bario o de aire no tiene éxito o el niño está demasiado enfermo, irá directamente al quirófano. En los niños mayores los enemas no suelen dar tan buenos resultados y hay más probabilidades de que necesiten someterse a una intervención quirúrgica. Los cirujanos intentarán corregir la obstrucción pero, si la parte de intestino afectada está demasiado dañada, se deberá extirpar.

A algunos bebés con invaginación intestinal les recetan antibióticos para prevenir posibles infecciones. Los bebés tratados de invaginación intestinal permanecerán ingresados en un hospital y les administrarán suero por vía intravenosa hasta que se les normalice la función intestinal y puedan comer solos.

Complicaciones

Si no se trata, la invaginación intestinal puede provocar complicaciones graves. Estas complicaciones están directamente relacionadas con la cantidad de tiempo transcurrido entre el momento en que ocurre la invaginación y el momento en que se trata. La mayoría de los lactantes que se tratan durante las primeras 24 horas se recuperan completamente sin problemas. Si se pospone el tratamiento, aumenta el riesgo de complicaciones, que incluyen lesiones tisulares irreversibles, perforación intestinal, infección e, incluso, muerte.

Cuándo llamar al pediatra

La invaginación intestinal es una emergencia médica. Si su hijo presenta algunos de los síntomas de invaginación intestinal, como dolor abdominal, vómitos o heces mucosas y sanguinolentas, llame al pediatra o al servicio de urgencias médicas inmediatamente.

El pronóstico de las invaginaciones intestinales en lactantes es muy bueno y, si se tratan pronto, las complicaciones son mucho menos probables. Por lo tanto, no posponga el tratamiento -en muchos casos el diagnóstico precoz permite tratar la invaginación intestinal con éxito sin que el niño necesite pasar por el quirófano.

Revisado por: Thom E Lobe, MD
Fecha de la revisión: octubre de 2007