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Infecciones del oído medio

(Middle Ear Infections)

Después del catarro común, las infecciones de oído son la enfermedad infantil más diagnosticada en EE.UU. Al cumplir tres años, más de tres de cada cuatro niños han padecido por lo menos una infección de oído. Para entender cómo se contraen este tipo de infecciones, revisaremos cómo funciona el oído.

Un vistazo al oído

Piense en cómo vibran los bafles del equipo de música mientras escucha su CD favorito cuando va en coche o en cómo le vibran las cuerdas vocales mientras habla. El sonido, que está compuesto por ondas de energía invisibles, es el que provoca esas vibraciones. Cada vez que usted oye un sonido, varias estructuras del oído trabajan en equipo para que la información sonora pueda llegarle al cerebro.

El oído es la parte del cuerpo encargada de la audición y del equilibrio y consta de tres partes distintas —el oído externo, el oído medio y el oído interno. La audición empieza cuando las ondas sonoras que se transmiten a través del aire alcanzan el oído externo, también denominado pabellón auditivo u oreja, que es la parte visible del oído. Seguidamente las ondas sonoras viajan desde el pabellón auditivo hasta el oído medio a través del conducto auditivo externo. El oído medio incluye el tímpano (una fina lámina de tejido membranoso) y la cadena de huesecillos. Cuando vibra el tímpano, los huesecillos amplifican esas vibraciones y las transmiten al oído interno.

El oído interno traduce las vibraciones en señales eléctricas que son captadas por el nervio auditivo, que está conectado con el cerebro. Cuando los impulsos nerviosos llegan al cerebro, son interpretados como sonidos.

Para funcionar correctamente, el oído medio necesita estar a la misma presión que el medio exterior. De esto se encarga la trompa de Eustaquio, un pequeño conducto que conecta el oído medio con la parte posterior de la garganta por detrás de la nariz.

Al dejar que el aire llegue al oído medio, la trompa de Eustaquio iguala la presión del aire que hay en el interior del oído medio con la presión del aire del medio exterior. (Cuando se le “destapan” los oídos, a veces haciendo un ruido seco, al bostezar o tragar, significa que las trompas de Eustaquio están ajustando la presión del aire que hay en el interior de sus oídos medios). La trompa de Eustaquio también permite drenar a la garganta las mucosidades que, si no, se acumularían en el oído medio.

A veces, la trompa de Eustaquio no funciona correctamente. Por ejemplo, cuando una persona está resfriada o tiene una alergia que afecta a las vías nasales, la trompa de Eustaquio se puede obstruir al congestionarse la capa que recubre su interior o debido a las mucosidades que se acumulan en su interior. Esta obstrucción hace que se acumule fluido dentro del oído medio, que normalmente está lleno de aire. Las bacterias o virus que han entrado en el oído medio a través de la trompa de Eustaquio pueden quedar atrapadas dentro del oído medio. Estos gérmenes pueden proliferar en el fluido, provocando a la larga una infección de oído.

Sobre las infecciones de oído

La inflamación del oído medio recibe el nombre de otitis media. Cuando el origen de la inflamación es infeccioso, los médicos le suelen llamar "otitis media aguda", en contraposición a otra infección de oído bastante frecuente, la otitis externa, también conocida como “oído de nadador”.

La otitis media aguda es la presencia de fluido, típicamente pus, en el oído medio con síntomas de dolor, enrojecimiento del tímpano y posiblemente fiebre.

Otras formas de otitis media son o bien más crónicas (el fluido está presente en el oído medio durante seis semanas o más) o el fluido del oído medio es transitorio y no está necesariamente infectado (en cuyo caso se denomina otitis media con derrame o otitis serosa).

Los pediatras intentan distinguir entre los distintos tipos de otitis porque el diagnóstico preciso repercute sobre las distintas opciones de tratamiento. No todos los tipos de otitis requieren tratamiento antibiótico.

Causas

Los niños contraen infecciones de oído más frecuentemente durante los primeros dos a cuatro años de vida por varios motivos:

  • Sus trompas de Eustaquio son más cortas y más horizontales, lo que permite que los virus y bacterias accedan más fácilmente al oído medio. Sus trompas también son más estrechas y blandas, lo que favorece su obstrucción.

  • Las adenoides o vegetaciones, que son unas estructuras de tejido glandular ubicadas en la parte posterior y superior de la garganta, cerca de las trompas de Eustaquio, son grandes en los niños pequeños, de modo que pueden bloquear parcialmente la abertura de estas trompas.

Hay otros factores que también pueden contribuir a que los niños desarrollen infecciones de oído, como la exposición al humo del tabaco, la alimentación con biberón y el hecho de asistir a centros de preescolar.

Las infecciones de oído también son más frecuentes en los niños que en las niñas, en los niños con antecedentes familiares de infecciones de oído repetidas y durante los meses de más frío, cuando abundan los catarros y las infecciones de las vías respiratorias altas.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de la otitis media aguda pueden ser muy leves o más graves:

  • El fluido acumulado en el oído medio puede presionar el tímpano, provocando dolor de oído. Un niño mayor puede quejarse de dolor de oído, pero uno más pequeño que todavía no sabe hablar puede estirarse la oreja o simplemente estar irritable y llorar más de lo habitual.

  • Estar estirado, masticar y mamar o succionar de un biberón puede provocar cambios dolorosos en la presión del oído medio, por lo que el niño puede parecer desganado y tener problemas para conciliar el sueño.

  • Si la presión del fluido acumulado en el oído medio es lo bastante alta, el tímpano puede llegar a reventarse o perforarse, produciéndose derrame de fluido al exterior. Esto permite reducir la presión que hay detrás del tímpano, lo que suele aliviar el dolor.

La acumulación de fluido en el oído medio también puede dificultar la transmisión de las ondas sonoras, lo que puede provocar pérdidas auditivas de carácter temporal. Un niño puede:

  • no reaccionar ante los sonidos suaves, bajos o amortiguados
  • subir repetidamente el volumen del televisor o la radio
  • hablar más alto de lo normal
  • parecer que presta poca atención en clase.

Otros síntomas de la otitis media aguda son:

  • fiebre
  • náuseas
  • vómitos
  • mareos

De todos modos, la otitis media con derrame (u otitis serosa) a menudo se presenta sin síntomas. En algunos niños, el fluido acumulado en el oído medio puede provocar la sensación de tener los oídos tapados. Al igual que en la otitis media aguda, el fluido acumulado detrás del tímpano puede dificultar el paso de las ondas sonoras, pudiendo haber leves pérdidas auditivas de carácter temporal, aunque estas pueden pasar desapercibidas.

Las infecciones de oído suelen aparecer junto con o a raíz de infecciones de las vías respiratorias altas y, por lo tanto, se suelen presentar junto con los signos y síntomas propios de este tipo de infecciones, como secreción nasal, nariz tapada o tos.

Contagio

Las infecciones de oído no son contagiosas, aunque los catarros que las pueden desencadenar pueden serlo.

Duración

Las infecciones del oído medio suelen remitir solas en dos o tres días, incluso sin tratamiento alguno. Si el pediatra de su hijo le receta antibióticos, lo más probable es que le recomiende tomarlos durante 10 días.

Para los niños de seis años en adelante con infección de leve a moderada, puede ser apropiado acortar el período de tratamiento antibiótico a entre cinco y siete días.

Pero incluso después de completar el tratamiento antibiótico en un episodio de otitis media aguda, el fluido puede permanecer en el oído medio durante varios meses.

Diagnóstico y tratamiento

Si sospecha que su hijo puede tener una infección de oído, deberá llevarlo al pediatra, quien debería poder hacerle un diagnóstico teniendo en cuanta sus antecedentes médicos y los resultados de la exploración física.

Para examinar los oídos, los médicos utilizan un otoscopio, un instrumento de tamaño reducido similar a una linterna, que les permite ver el tímpano.

No hay ningún enfoque óptimo para tratar todos los tipos de infecciones del oído medio. Para decidir cómo tratar la infección de oído de su hijo, el pediatra tendrá en cuenta muchos factores, incluyendo:

  • el tipo y gravedad de la infección
  • con qué frecuencia contrae su hijo este tipo de infecciones
  • cuánto tiempo lleva con la infección
  • la edad del niño
  • los factores de riesgo que presenta el niño
  • si la infección de oído afecta o no a la audición

Al haberse constatado que la mayoría de las infecciones de oído remiten sin tratamiento alguno, varias asociaciones de médicos recomiendan el enfoque de "esperar y ver", consistente en administrar al niño analgésicos sin antibióticos durante unos días.

Otras razones importantes para considerar este enfoque son las limitaciones de los antibióticos, que:

  • no sirven para tratar infecciones provocadas por virus
  • no eliminan el fluido acumulado en el oído medio
  • pueden tener efectos secundarios adversos
  • por lo general, no alivian el dolor durante las primeras 24 horas y después solamente tienen un efecto mínimo sobre el dolor

Asimismo, el abuso de los antibióticos puede favorecer la proliferación bacterias resistentes a los antibióticos, cuya infección es mucho más difícil de tratar.

De todos modos, a los niños que contraen muchas infecciones de oído les pueden recetar antibióticos que deberán tomar diariamente para ayudar a prevenir futuras infecciones. Y los niños de menor edad o aquellos que tienen síntomas más graves pueden necesitar antibióticos desde el principio.

El enfoque de "esperar y ver" puede no ser aplicable a aquellos niños que tengan otros problemas de salud, como paladar hendido, trastornos de origen genético como el síndrome de Down, una enfermedad crónica como los trastornos del sistema inmunitario o antecedentes de otitis media aguda recurrente.

Los niños con otitis media persistente con derrame (u otitis serosa) de más de tres meses de duración deberían ser examinados periódicamente (cada tres a seis meses) por el pediatra. De todos modos, a menudo ni siquiera estos niños requieren tratamiento alguno.

Independientemente de que el pediatra decida administrarle o no antibióticos a su hijo, usted puede ayudar a reducirle las molestias provocadas por la infección de oído administrándole paracetamol o ibuprofeno para aliviarle el dolor y bajarle la fiebre en caso necesario. Es posible que el pediatra también le recomiende administrarle gotas óticas analgésicas siempre y cuando el niño no tenga el tímpano perforado.

De todos modos, algunos niños, como los que tienen pérdidas auditivas persistentes o retraso del habla provocado por esta causa, necesitan someterse a una intervención quirúrgica. En estos casos, los otorrinolaringólogos pediátricos recomiendan insertar quirúrgicamente unos tubitos de ventilación y drenaje (denominados tubos de timpanostomía) en la membrana timpánica. Esto permite drenar el fluido acumulado en el oído medio y ayuda a igualar la presión del medio exterior y el oído medio cuando la trompa de Eustaquio no puede hacerlo correctamente.

Prevención

Algunos factores asociados al desarrollo de infecciones de oído no se pueden modificar (como los antecedentes familiares de infecciones de oído frecuentes), pero ciertas elecciones relacionadas con el estilo de vida pueden minimizar el riesgo de padecer este tipo de infecciones:

  • Amamantar a los bebés durante por lo menos seis meses para prevenir los episodios de otitis durante los primeros meses de vida. Si se opta por la lactancia artificial, se les deberá dar el biberón mientras están semiincorporados en vez de estirados.

  • Evitar exponer a los niños al humo de tabaco, pues el hecho de ser fumador pasivo aumenta la frecuencia y la gravedad de los episodios de otitis.

  • Reducir la exposición, si es posible, a grupos numerosos de niños, por ejemplo, en los centros de preescolar. Puesto que el hecho de contraer catarros repetidamente también facilita el desarrollo de infecciones de oído, limitar la exposición a grupos numerosos de niños puede reducir la frecuencia de este tipo de episodios.

  • Asegurarse de que tanto los padres como los niños tienen buenos hábitos higiénicos, lavándose frecuentemente las manos. Esta es una de las mejores formas de reducir el contagio de los gérmenes que provocan los catarros y, por lo tanto, favorecen el desarrollo de infecciones de oído.
    · Llevar al día el calendario de vacunaciones sistemáticas de los niños, ya que ciertas vacunas pueden ayudar a prevenir las infecciones de oído.

  • También conviene saber que las investigaciones han demostrado que los medicamentos anticatarrales y antialérgicos, como los antihistamínicos y los descongestivos, no ayudan a aprevenir las infecciones de oído.

Cuándo llamar al pediatra

Aunque es algo muy poco frecuente, las infecciones de oído que no remiten o las otitis medias graves y repetidas pueden tener complicaciones, incluyendo la extensión de la infección a los huesos adyacentes. Por lo tanto, los niños que tengan dolor de oído o la sensación de tener los oídos tapados, sobre todo si estos síntomas se asocian a fiebre, deberían ser examinados por un pediatra si no están mejorando.

Hay otros trastornos que también pueden cursar con dolor de oído, como la salida de los dientes, el hecho de tener un objeto extraño dentro del oído o los tapones de cera. Si su hijo se queja de que le duele el oído, consulte al pediatra para que le ayude a determinar la causa de las molestias y le indique cómo tratarlas.

Revisado por: Robert C. O'Reilly, MD
Fecha de la revisión: octubre de 2011