Glioma del nervio óptico
El nervio óptico envía señales al cerebro sobre lo que ven los ojos. Los tumores que se manifiestan en esta vía reciben el nombre de glioma del nervio óptico.
Estos tumores afectan principalmente a niños menores de 10 años. Además, los que padecen de la afección genética llamada neurofibromatosis (que induce el desarrollo de tumores en el tejido nervioso) tienen un mayor riesgo.
El síntoma más característico es la pérdida progresiva de la vista. En el caso de tumores de crecimiento lento, puede ser difícil de advertir a simple vista; especialmente en los niños más pequeños que no saben describir qué están viendo. En el caso de los tumores de crecimiento rápido (o tumores menos agresivos que han adquirido grandes dimensiones), los problemas de la vista finalmente terminan por advertirse.
También es posible que los niños comiencen a inclinar la cabeza repetidamente o experimentar lo que parecieran ser retrasos de desarrollo, como torpeza al caminar, dificultades en el habla o cambios de conducta. También podría manifestarse una afección llamada nistagmo (cuando los globos oculares presentan un temblor involuntario). En algunos casos, si el tumor ejerce presión sobre la glándula pituitaria, pueden producirse problemas de crecimiento.
Los gliomas del nervio óptico en general se tratan con una combinación de cirugía, quimioterapia y radiación. La mayoría de los niños obtienen buenos resultados y la visión suele regresar a la normalidad. Sin embargo, siempre existe un riesgo de cierto grado de pérdida permanente de la visión después del tratamiento.
Astrocitomas
Los astrocitomas se originan en células cerebrales con forma de estrella denominadas astrocitos. Se dividen en cuatro subtipos principales: astrocitoma pilocítico juvenil (grado 1), astrocitoma fibrilar (grado 2), astrocitoma anaplásico (grado 3) y glioblastoma multiforme (grado 4).
Los astrocitomas de bajo grado en niños, en general, son curables porque crecen lentamente, no se diseminan y a menudo se asemejan más a quistes que a tumores, lo cual los hace bastante fáciles de extirpar a menos que estén ubicados en áreas en las que una cirugía sería complicada (como el nervio óptico). Después de la cirugía, es probable que no se necesite quimioterapia ni radiación.
Los astrocitomas de alto grado son más difíciles de tratar, en general porque se encuentran en áreas del cerebro en las que la cirugía es más complicada. En este caso, el tratamiento puede requerir quimioterapia y/o radiación.
Efectos secundarios del tratamiento oncológico
Los niños sometidos a radiación o quimioterapia a causa de un tumor cerebral pueden padecer efectos secundarios entre los que se incluyen cansancio, náuseas, vómitos y pérdida del cabello. Afortunadamente, estos efectos secundarios desaparecen una vez que el tratamiento finaliza.
Los efectos a largo plazo del tratamiento en el que se recurrió a cirugía, denominados "efectos tardíos" incluyen: retraso cognitivo, convulsiones, anormalidades en el crecimiento, deficiencias hormonales, problemas de la vista y auditivos y la posibilidad de desarrollar un nuevo cáncer e, incluso, un segundo tumor cerebral.
Dado que, a veces, estos problemas no se advierten hasta unos años después del tratamiento, es necesario realizar controles minuciosos y observaciones periódicos para identificarlos lo antes posible.
Revisado por: Donna Patton, MD
Fecha de revisión: septiembre de 2009