Respete los horarios de los refrigerios
La rutina es buena para los niños; por eso, intente servir los refrigerios y las comidas a aproximadamente la misma hora todos los días. De esta manera, su hijo siempre sabrá qué esperar.
La sensación de saciedad y de hambre unas cuantas horas más tarde les enseña a los niños a responder a las señales internas de hambre; saber cuándo comer y, lo que es más importante, cuándo dejar de comer es fundamental para conservar un peso saludable. Si se les permite comer durante todo el día sin un horario, es probable que los niños pierdan la capacidad para detectar sus propias señales de hambre y saciedad, y es más probable que coman en exceso.
Si los niños llevan consigo una caja de jugo durante todo el día, algunos pueden sufrir diarrea y otros pueden tener una tendencia a engordar. Los jugos, incluso los 100% naturales, contienen aproximadamente la misma cantidad de calorías que las gaseosas. Y los jugos artificiales tienen cantidades excesivas de azúcar agregado.
Limite la ingesta de jugo de su hijo a no más de 4 oz. (120 ml) por día. Cuando su hijo tenga sed, lo mejor es ofrecerle agua y leche. Si su hijo es un fanático del jugo, ofrézcale frutas en lugar de jugo, porque las frutas enteras contienen fibras y vitaminas importantes.
Permita que su hijo pequeño elija
Su hijo pequeño aún puede ser su bebé, pero está cada vez más ansioso por tomar las riendas de vez en cuando. Los refrigerios son una excelente oportunidad para que sus hijos tomen el mando de manera limitada. Ofrézcales unos cuantos alimentos nutritivos en cada refrigerio y permita que escojan qué y cuánto quieren comer.
Aunque tal vez le resulte tentador, resista el impulso de darle solamente alimentos que le gusten. (¡Esto es particularmente difícil para los padres de niños quisquillosos que simplemente desean que sus hijos coman algo!). Tal vez, puede combinar algo que a su hijo le guste con un nuevo alimento en el momento del refrigerio. Aun cuando rechace los nuevos alimentos, continúe ofreciéndoselos. Recuerde que pueden ser necesarios varios intentos para que un niño acepte comer algo nuevo.
No se preocupe demasiado si el plato no queda vacío, aún cuando esto signifique que su hijo se saltee un refrigerio o una comida. Pero no permita que los niños escojan alimentos alternativos ni que decidan en qué momento se deben servir los refrigerios. Usted desea que aprendan que las comidas y los refrigerios están disponibles únicamente en determinados horarios y que ellos pueden escoger entre los alimentos que usted les ofrece.
Lo que debe evitar
La mayoría de los padres han sobornado a sus hijos prometiéndoles algún alimento delicioso, pero no es una buena estrategia. El uso de dulces como soborno les hace creer que son más valiosos o mejores que otros alimentos más saludables; además, los niños aprenderán a utilizarlos como moneda de negociación.
En cuanto a los dulces, realmente no existen motivos, desde el punto de vista nutricional, para que los niños pequeños los coman. No obstante, no prive a su hijo de las tortas de cumpleaños o de otros gustos ocasionales. Pero no permita que estos alimentos de calorías vacías se conviertan en parte del menú habitual de refrigerios.
Los dulces deben ser la excepción en lugar de la regla y su hijo no se sentirá con derecho a recibirlos ni estará demasiado sorprendido cuando usted diga que no. Si tiene refrigerios menos nutritivos en el hogar, manténgalos fuera de la vista. Si no los ven y no los tienen a su alcance, es menos probable que los niños pequeños los pidan.
Revisado por: Mary L. Gavin, MD
Fecha de revisión: febrero de 2012