Síntomas de la alergia a la leche
Los síntomas de la alergia a la proteína de la leche de vaca suelen aparecer durante los primeros meses de vida, a menudo varios días o semanas después de introducir leche artificial o de fórmula elaborada con leche de vaca en la dieta del bebé. El bebé puede presentar síntomas poco después de alimentarse (reacción de inicio rápido) o bien de siete a 10 días después de ingerir proteína de leche (reacción de inicio lento). Los síntomas también pueden aparecer si el bebé se alimenta exclusivamente de leche materna y la madre ingiere leche de vaca.
La reacción de inicio lento es más habitual. Entre sus síntomas se incluyen heces blandas o sueltas (que puede contener sangre), vómitos, náuseas, rechazo a la alimentación, irritabilidad o cólico del lactante y erupciones cutáneas, como el eccema. Este tipo de reacción es más difícil de diagnosticar porque hay otras afecciones que cursan con síntomas similares. La mayoría de los niños superan este tipo de alergia después de cumplir 2 años, aunque hay algunos que no la superan hasta que son adolecentes.
Las reacciones de inicio rápido pueden llegar de improviso, con síntomas que incluyen irritabilidad, vómitos, resuello, respiración sibilante, inflamación, urticaria u otro tipo de ronchas en la piel asociadas a picor y/o diarrea sanguinolenta.
En algunos casos, puede tener lugar una reacción alérgica grave (denominada anafilaxia) que afecta a la piel, el estómago, la respiración y la tensión arterial del bebé. De todos modos, las reacciones anafilácticas son más frecuentes en otros tipos de alergias alimentarias (como la alergia a los cacahuetes y a los frutos secos) que con la alergia a la leche.
Diagnóstico de alergia a la leche
Si sospecha que su hijo podría ser alérgico a la leche, llame al pediatra. Este les preguntará sobre los antecedentes familiares de alergias e intolerancias alimentarias y practicará una exploración física al bebé. No hay ninguna prueba de laboratorio especifica que permita diagnosticar con precisión la alergia a la leche, de modo que lo más probable es que el pediatra de su hijo solicite varias pruebas para poder emitir un diagnóstico y para descartar cualquier otro problema.
Aparte de los análisis de heces y de sangre, es posible que el pediatra también solicite una prueba cutánea. En esta prueba se introduce una cantidad reducida de la proteína de la leche bajo la superficie de la piel del niño utilizando una aguja. Si se forma una roncha (o habón), significa que el niño podría ser alérgico a la leche. En tal caso, el pediatra le indicaría que evitara alimentarlo con este alimento.
Es posible que el pediatra también solicite una prueba de provocación oral si la considera segura. Esto implica hacer que el bebé consuma leche en la consulta del pediatra y luego esperar unas pocas horas para observar cualquier reacción alérgica que pudiera ocurrir. A veces los médicos realizan esta prueba para confirmar el diagnóstico de alergia.