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Lesión del plexo braquial (ardor o quemazón)

Como jugador de fútbol americano, James vio que muchos de sus compañeros de equipo sufrían lesiones en el plexo braquial, a las que los entrenadores se refieren como "ardor" o "quemazón". Pero él nunca había tenido una lesión de este tipo hasta un partido que jugó durante el tercer año de secundaria. Hizo una tacleada y su casco chocó de una forma extraña contra otro jugador, desplazándole el choque la cabeza y el hombro en direcciones opuestas.

Sintió un dolor muy intenso en el hombro y el cuello, y el brazo se le quedó completamente insensible. James salió del campo de juego y se sentó en el banquillo mientras uno de sus entrenadores le hacia preguntas sobre la lesión. Afortunadamente, el dolor desapareció y su brazo recuperó la sensibilidad al cabo de pocos minutos.

¿Qué es una lesión del plexo braquial?

Estas lesiones, que causan ardor o quemazón en hombros y cuello, afectan a los nervios de la parte superior del brazo. El ardor o la quemazón suele aparecer en el cuello o el hombro. Y estas sensaciones descienden por el brazo, desde el hombro hasta la mano.

Los nervios del brazo salen de forma ramificada desde la médula espinal, cerca de la base del cuello. Se reúnen en la parte superior del hombro en un haz denominado plexo braquial, y luego se vuelven a separar en nervios independientes. Cuando el plexo braquial se estira demasiado, se pellizca o se magulla, puede aparecer este tipo de lesiones. El dolor puede ser bastante intenso y se puede sentir como una especie de descarga eléctrica que desciende a lo largo de todo el brazo.

La mayor parte de estas lesiones son de carácter temporal y sus síntomas suelen desaparecer rápidamente.

¿Cuáles son los signos de una lesión del plexo braquial?

Por lo general, la gente siente el ardor o la quemazón solamente en un brazo, y el dolor desaparece al cabo de uno o dos minutos. En casos excepcionales, los síntomas pueden durar horas, días o incluso más tiempo.

El dolor intenso o la pérdida de sensibilidad en ambos brazos puede ser un signo de un problema más grave. Llama a tu médico si notas un dolor de este tipo y/o pérdida de sensibilidad en los dos brazos a la vez.

Algunos de los signos más frecuentes de una lesión del plexo braquial son:

  • ardor o quemazón intensos o sensación de descarga eléctrica entre el cuello y el hombro
  • sensación de ardor o quemazón intensa en el brazo, la mano o los dedos de la mano
  • pérdida de sensibilidad, debilidad o sensación de hormigueo (como si se te durmiera una parte del cuerpo) en el hombro y/o el brazo
  • sensación de calor en el área afectada

¿Cómo puedes saber si se trata de algo grave?

Lo más probable es que no necesites ir al médico por una lesión del plexo braquial, puesto que este tipo de lesiones suelen mejorar rápidamente. Pero llama al médico si:

  • el ardor o quemazón, la insensibilidad y/o la sensación de hormigueo duran más de cinco minutos.
  • los síntomas desaparecen y luego vuelven a aparecer a lo largo de varios días
  • presentas síntomas en ambos brazos

Llama también al médico si:

  • tienes dolor de cabeza, visión borrosa, pérdida de memoria, mareo o te sientes profundamente agotado. Estos son síntomas de una conmoción cerebral.

El médico te hará preguntas sobre qué es lo que sientes y cómo te ocurrió la lesión. También te hará un examen físico, analizando el dolor, la sensibilidad y la fuerza del brazo afectado y te evaluará los reflejos y la movilidad de ese brazo.

Probablemente el médico te pediría pruebas de diagnóstico por la imagen si presentaras cualquiera de estos aspectos:

  • lesiones del plexo braquial recurrentes
  • dolor en el cuello o reducción de su movilidad
  • síntomas en ambos brazos
  • debilidad que se prolonga durante más de unos pocos días
  • problemas para pensar, hablar o de memoria

Las pruebas de diagnóstico por la imagen, como las radiografías o las resonancias magnéticas (RM) pueden ayudar a los médicos a evaluar el alcance de la lesión y a descartar afecciones de mayor gravedad, como una fractura de columna vertebral.

¿Cuál es la causa de las lesiones del plexo braquial?

Las lesiones del plexo braquial pueden ocurrir cuando la cabeza de una persona se desplaza con fuerza hacia abajo y en la dirección opuesta a la del hombro. Esto dobla el cuello y pellizca o distiende los nervios del cuello y del hombro. Los movimientos repentinos de la cabeza hacia un lado, como en las lesiones por latigazo cervical, también pueden pellizcar estos nervios.

Este tipo de lesiones también puede ocurrir cuando se producen hematomas en los nervios del plexo braquial. Esto puede ocurrir cuando la presión sobre la cabeza o el área que hay encima de la clavícula hacen que los nervios se compriman contra un hueso.

Los deportes de contacto, sobre todo el fútbol americano y la lucha libre, son causas habituales de este tipo de lesiones. En estos deportes, los jugadores corren el riesgo de caerse sobre la cabeza, como en los tacles del fútbol americano o en las caídas de la lucha libre. Los impactos en la cabeza, el cuello y los hombros propios del fútbol americano lo convierten en el deporte que provoca la mayoría de las lesiones del plexo braquial.

¿Cómo puedes prevenir las lesiones del plexo braquial?

Es imposible evitar todas las lesiones del plexo braquial, pero puedes hacer algunas cosas para hacerlas menos probables si practicas deportes de contacto:

  • Mantén los músculos del cuello y de los hombros tan fuertes y flexibles como sea posible. Esto te ayudará a resistir la fuerza de un impacto en esa área.
  • Haz estiramientos suaves de los músculos del cuello antes de cualquier actividad atlética.
  • Utiliza tu equipo de seguridad. Algunas piezas del equipo de fútbol americano, como el protector de cuello o unas hombreras almohadilladas especialmente diseñadas para este deporte, te pueden ayudar si has tenido una lesión del plexo braquial previamente.
  • Aprende y utiliza técnicas deportivas adecuadas. Por ejemplo, no arremetas nunca con el casco cuando juegues partidos de fútbol americano.
  • Si te haces una lesión del plexo braquial, tómate tu tiempo antes de volver al campo. Si notas cualquier debilidad, sensación de hormigueo o dolor en el cuello, evita participar en deportes de contacto.

¿Cómo debes tratar las lesiones del plexo braquial?

Lo primero que deberías hacer para tratar una lesión del plexo braquial es dejar de practicar la actividad que te la ha provocado. En la mayoría de los casos, los nervios se recuperan por sí solos en cuestión de minutos.

Algunas de estas lesiones duran más tiempo y requieren tratamiento:

    • Aplica hielo sobre el área afectada. Utiliza una bolsa de hielo o una compresa fría durante 20 minutos seguidos cada 2 a 3 horas durante el primer par de días posteriores a la lesión para reducir cualquier la hinchazón.
    • Toma medicamentos antiinflamatorios. Los analgésicos, como el paracetamol y el ibuprofeno, pueden ayudar a aliviar el dolor y a reducir la inflamación de cuello y hombros.
    • Conserva tu movilidad muscular mientras te recuperas. Haz ejercicios diseñados para mantener el cuello, los hombros, los brazos y las manos ágiles y flexibles mientras esperas a que se te curen los nervios. Es posible que te levantes con el cuello dolorido y agarrotado al día siguiente de la lesión, pero los ejercicios te ayudarán a aliviar las contracturas musculares.

Las lesiones de plexo braquial mejoran con el tiempo pero, si tu caso fuera más grave, es posible que tuvieras que trabajar con un fisioterapeuta o un entrenador para mantener los músculos fuertes y ágiles durante el proceso de curación. Tu médico te podría recetar medicamentos para aliviarte el dolor.

Como con cualquier lesión, deberías asegurarte de que estás completamente curado antes de volver a hacer deporte. En caso contrario, aumentarías las probabilidades de sufrir otra lesión del plexo braquial en el futuro.

Revisado por: Suken A. Shah, MD
Fecha de revisión: octubre de 2014

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Nota: Toda la información incluída en este material tiene propósitos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnóstico o tratamiento, tenga a bien consultar con su médico de cabecera.

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