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Intolerancia a la lactosa

Sobre la intolerancia a la lactosa

Para muchos niños, tomarse una copa de helado o un vaso de leche fresca a la hora de comer supone una tarde de retortijones, gases y diarrea.

Es posible que los niños que tengan este tipo de molestias después de ingerir productos lácteos padezcan una intolerancia a la lactosa, una afección provocada por problemas para digerir la lactosa, el principal azúcar de la leche y de los productos lácteos.

La intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo fabrica una cantidad insuficiente de la enzima lactasa, que es necesaria para descomponer la lactosa en dos azúcares de menor tamaño denominados glucosa y galactosa. Cuando no hay suficiente lactasa en el cuerpo, la lactosa no se descompone bien en el intestino delgado y pasa hacia el intestino grueso, donde las bacterias fermentan y la transforman en gases y ácidos.

Este proceso puede provocar retortijones, dolor abdominal, gases y diarrea al cabo de entre 30 minutos y 2 horas de ingerir cualquier alimento o bebida que contenga lactosa.

En algunos niños, éstos síntomas son muy graves y su sistema digestivo no tolera en absoluto la lactosa. En otros, los síntomas son más leves y solo deben reducir la cantidad de productos lácteos que consumen.

La intolerancia a la lactosa se puede controlar y se puede aliviar el malestar estomacal asociado a través de algunos cambios en la dieta. Si sospecha que su hijo podría padecer una intolerancia a la lactosa, llame a su pediatra.

¿Quién padece una intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa es más frecuente en personas de ascendencia asiática, africana, amerindia e hispana.

En la mayoría de la gente, la intolerancia a la lactosa es un problema de por vida. Pero en algunos pacientes puede ser una afección de carácter temporal que se inicia después de tomar ciertos antibióticos o de padecer infecciones gastrointestinales y que acaba por desaparecer.

Cómo se diagnostica

Los médicos suelen diagnosticar la intolerancia a la lactosa mediante una sencilla prueba de hidrógeno espirado (o prueba del aliento con hidrógeno). La persona sopla dentro de un tubo para dar una muestra de su aliento, y vuelve a dar otra muestra después de beber una solución de lactosa o de ingerir un alimento que contiene lactosa.

Si una persona sufre una intolerancia a la lactosa, la prueba indicará que su aliento presenta una concentración de hidrógeno y metano superior a la concentración promedio. Ésto se debe a que la lactosa no digerida provoca concentraciones más altas de estos gases en el sistema digestivo, lo que se puede detectar en el aliento.

Puesto que la toma de ciertos alimentos y medicamentos, y la exposición al humo del tabaco pueden afectar a la precisión de esta prueba, es posible que el pediatra recomiende tomar algunas precauciones antes de someterse a ella.

Aparte de la prueba de aliento, los pediatras suelen hacer un examen físico al paciente y analizar sus antecedentes médicos para descartar otras afecciones.

Para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, también se pueden hacer endoscopias, que permiten que el pediatra vea el esófago, el estómago y parte del intestino delgado utilizando una cámara diminuta. Para hacer la endoscopia, el pediatra puede administrar al paciente un medicamento para ayudarle a relajarse y es posible que le ponga un espray en la garganta para dormírsela. Esto hace que la prueba resulte más cómoda. A la mayoría de los pacientes se les administra anestesia y están completamente dormidos durante toda la prueba.

El pediatra introduce un tubo de plástico fino y flexible, llamado endoscopio, por la garganta del paciente, primero hacia el esófago y luego hacia el estómago. Una diminuta cámara colocada dentro del endoscopio deja que el pediatra se fije en las anormalidades en las superficies del esófago y del estómago. Durante la endoscopia, el pediatra también puede utilizar unas pequeñas pinzas para extraer una parte de tejido a fin de hacer una biopsia. La biopsia permite mostrar las lesiones provocadas por el reflujo ácido o por una infección, ayudando, así, a descartar otros problemas.

Los problemas para digerir la lactosa también pueden ocurrir en personas que padecen otras enfermedades del tubo digestivo, como la enfermedad celíaca, una afección en la que el intestino se lesiona debido a una sensibilidad anormal al gluten (una proteína que se encuentra en el trigo y otros cereales).

Vivir con una intolerancia a la lactosa

La gravedad de la intolerancia a la lactosa puede variar considerablemente entre los niños. Debido a que cada caso es distinto, no existe una sola forma de tratarla. Cada niño debe encontrar las estrategias que le vayan mejor en función de sus síntomas y de la cantidad de lactasa que fabrique su cuerpo, si es que la fabrica. Tal vez le ayude el hecho de llevar un diario alimentario para averiguar cuáles son los alimentos y las bebidas que el sistema digestivo de su hijo tolera y no tolera.

Existen muchos alimentos, bebidas y complementos digestivos para las personas con intolerancia a la lactosa (como la leche creada específicamente para quienes padecen esta enfermedad, que se vende en la mayoría de supermercados). Consulte al pediatra de su hijo para saber si debería tomar algún suplemento cuando beba o ingiera ciertos productos lácteos, como gotas o comprimidos que contengan la enzima lactasa.

Aunque los niños con casos graves de intolerancia a la lactosa deben evitar todos los productos lácteos, hoy en día los pediatras recomiendan que la mayoría de ellos consuma algunos productos lácteos para obtener suficiente calcio, vitamina D y proteínas. Muchos niños pueden tomar pequeñas cantidades de productos lácteos, que deben ingerir junto con otros alimentos que no contengan lactosa. Otros pueden tomar uno o dos vasos de leche cada día sin problemas, sobre todo si lo hacen combinándolos con alimentos no lácteos.

Así mismo, los niños con intolerancia a la lactosa pueden percibir que otros productos lácteos, como el yogur y los quesos, son más fáciles de digerir que la leche. La leche sin lactosa también es una forma fantástica de incorporar el calcio a la dieta de su hijo sin problemas. Los afectados también pueden tomar un suplemento de la enzima lactasa. Tomarlo antes de ingerir lácteos ayuda al cuerpo a digerir el azúcar lactosa que se encuentra en los lácteos y a evitar los síntomas de la intolerancia a la lactosa, como el dolor, los retortijones, la hinchazón, los gases y la diarrea.

Anime a su hijo a ingerir otros alimentos ricos en calcio que no contengan lactosa, como el brócoli, la col, la coliflor, el nabo, el salmón, las almendras, las habas de soja, la fruta deshidratada, el zumo de naranja enriquecido con calcio y el tofu.

Asimismo, considere la posibilidad de consultar a un dietista o nutricionista titulado para encontrar alternativas a los productos lácteos y una dieta equilibrada que proporcione a su hijo los nutrientes esenciales.

Fecha de revisión: enero de 2015

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Nota: Toda la información incluída en este material tiene propósitos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnóstico o tratamiento, tenga a bien consultar con su médico de cabecera.

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